
El gobernante Miguel Díaz-Canel aprovechó el acto por el aniversario de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, ocurrido el 16 de abril de 1961, para insistir en una narrativa ya habitual del poder cubano: atribuir a factores externos los principales males del país y defender el socialismo como única salida posible.
Su intervención abordó la migración juvenil en medio de una realidad marcada por el éxodo masivo. Sin embargo, evitó presentar la salida de jóvenes cubanos como una consecuencia directa del fracaso económico y político interno.
En vez de ello, describió el fenómeno como una “herida” causada por el embargo y por el capitalismo internacional, al que acusó de aprovecharse de profesionales formados gratuitamente en Cuba.
Bajo esa lógica, el Estado cubano invierte en educación y luego otros países terminan absorbiendo ese capital humano sin haber asumido el costo de su preparación.
La tesis oficial, por tanto, busca convertir una señal evidente de descontento social en una supuesta prueba de éxito del sistema educativo socialista.
El gobernante incluso afirmó que el talento de los cubanos que emigran fue formado por el socialismo, y defendió que solo ese modelo hizo posible que hijos de obreros y campesinos llegaran a convertirse masivamente en profesionales.
Aunque admitió la existencia de “errores propios”, los relegó a un plano secundario frente a lo que denominó “bloqueo genocida”, al que atribuyó la escasez, las privaciones y el sufrimiento de las familias cubanas.
“El principal causante de todos nuestros problemas es el bloqueo de Estados Unidos”, dijo en tono beligerante vestido de uniforme verde olivo como el que espera enrolarse en una guerra.
El discurso retomó su insistencia en que Cuba no es un “Estado fallido”, sino un “Estado cercado”. Desde esa perspectiva, la escasez, los apagones, la falta de combustible, la parálisis productiva y el deterioro de la vida cotidiana serían consecuencia directa del endurecimiento del embargo estadounidense.
Mayoría abrumadora de cubanos en el exilio aprueba una intervención militar de EEUU en Cuba
El discurso de Díaz-Canel coincide con una encuesta encargada por el Miami Herald que revela una abrumadora mayoría de cubanos en el exilio que aprueban una intervención militar de EEUU en Cuba.
El sondeo indica que 79% respalda una acción armada. Dentro de ese total, 36% apoya una intervención orientada directamente a derrocar al gobierno cubano, mientras 38% favorece una operación que combine el cambio de régimen con una respuesta a la crisis humanitaria. El dato resulta políticamente significativo porque refleja hasta qué punto se han radicalizado sectores del exilio frente al deterioro de la situación en la Isla.
Uno de los elementos más llamativos del estudio es que el respaldo no disminuye entre las generaciones más recientes de emigrados, sino que aumenta. Según el texto, 88% de quienes llegaron a EEUU después del año 2000 está a favor de una intervención militar, frente a 80% entre los que emigraron en la década de 1960.
Esa diferencia sugiere que la experiencia más reciente de la crisis cubana, lejos de moderar posiciones, ha endurecido el rechazo al régimen. En ese contexto, las palabras de Díaz-Canel sobre la migración parecen funcionar también como una respuesta defensiva ante una diáspora cada vez más distante del discurso oficial.

