
La presión militar y diplomática sobre Venezuela por parte de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría tener un objetivo más amplio de lo que se percibe en estos días. Algunos analistas sugieren que el verdadero blanco de la estrategia sería el régimen cubano que respalda a Nicolás Maduro.
Según un análisis del periodista británico David Blair, del diario The Telegraph, Washington estaría concentrando su poderío militar en el Caribe con la meta de “forzar un cambio de régimen en La Habana”, utilizando una táctica que recuerda a las operaciones de la Guerra Fría.
Blair compara la actual ofensiva con la histórica Operación Mangosta de los años 60, una fallida campaña para derrocar a Fidel Castro, considerada una de las iniciativas más intensas de la CIA para contrarrestar la influencia comunista en el hemisferio occidental.
Esta operación incluyó intentos de sabotaje económico, apoyo a grupos opositores cubanos en el exilio y un plan para derrocar a Castro mediante la creación de un ambiente de desobediencia y desconfianza dentro de la Isla.
El reportaje revela que en Washington se considera a Venezuela y Cuba como “regímenes siameses”, estrechamente alineados ideológicamente y sostenidos mutuamente. Por esta razón, para figuras como Marco Rubio, actual secretario de Estado y asesor de seguridad nacional, un cambio de poder en Caracas representaría una oportunidad histórica para debilitar a La Habana.
The Telegraph destaca que, para Rubio, la caída del chavismo es fundamental: sin el petróleo venezolano, la isla perdería el “salvavidas” que le permitió sobrevivir al colapso de la Unión Soviética.
Sabatini, investigador de Chatham House citado en el artículo, resume la situación de manera clara: “Sin Maduro, Cuba quedaría más expuesta que nunca».
Washington ha reforzado sus maniobras navales estadounidenses cerca de las costas de Venezuela, en lo que se considera una de las demostraciones de fuerza más significativas en el Caribe en más de una década.
Hace unos días, se confirmó la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de la flota estadounidense, que incluye aviones de combate y destructores de misiles guiados.

Los buques estadounidenses han llevado a cabo al menos 20 ataques contra embarcaciones pequeñas sospechosas de transportar drogas, principalmente fentanilo y cocaína. Como resultado de estas operaciones, se ha reportado la muerte de 80 presuntos traficantes.
En medio de estas tensiones, Trump también ha dejado abierta la posibilidad de iniciar negociaciones con el presidente venezolano Nicolás Maduro.
El mandatario estadounidense indicó el pasado domingo, en el Aeropuerto Internacional de Palm Beach, Florida, que Venezuela ha expresado su interés en dialogar. “Podríamos tener discusiones con Maduro, y veremos cómo resulta eso. Ellos quisieran hablar”, afirmó ante la prensa.
Además, Trump destacó la reciente designación del Cartel de los Soles, un grupo vinculado al régimen de Maduro, como organización terrorista internacional, lo que le permitiría a EEUU atacar activos e infraestructuras relacionadas con el régimen venezolano.
Mientras tanto, el gobierno cubano se mantiene en silencio ante estos desarrollos. A medida que las tensiones aumentan, el pueblo cubano sigue sufriendo las consecuencias de un sistema económico y político profundamente afectado por la escasez, la represión y los apagones.

