
Luis Echeverría Álvarez, expresidente de México fallecido a los 100 años en 2022, tuvo una trayectoria marcada por profundas contradicciones políticas: fue señalado como colaborador de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) durante los años de la Guerra Fría y, años después, se convirtió en uno de los mandatarios latinoamericanos con mayor cercanía política y personal con el dictador Fidel Castro.
La relación entre Echeverría y Castro representó una de las paradojas más llamativas de la política regional del siglo XX. Mientras Washington y La Habana se enfrentaban por la expansión del comunismo en América Latina, un político mexicano señalado por vínculos con los servicios de inteligencia estadounidenses terminó construyendo una amistad pública con el entonces gobernante cubano.
Echeverría gobernó México entre 1970 y 1976, tras ser candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Ese periodo estuvo marcado por una política exterior de acercamiento con gobiernos de izquierda y movimientos revolucionarios, pero también por acusaciones de represión contra opositores dentro de su propio país.
Fidel Castro y Luis Echeverría: cuando el poder parecía ser para siempre. Por Jacinto Rodríguez @T_Invisible -FOTOS https://t.co/8Fp4Ks9XmJ pic.twitter.com/cYSfzOlw0U
— Emeequis (@emeequis) November 27, 2016
Un colaborador de la CIA antes de llegar al poder
Documentos desclasificados de inteligencia estadounidense y trabajos de investigación periodística han relacionado a Echeverría con la llamada Operación Litempo, una red de contactos establecida por la CIA en México durante la década de 1960.
Según una investigación publicada por Milenio basada en documentos estadounidenses desclasificados, Echeverría habría funcionado entre 1963 y 1969 como un contacto de seguridad de la agencia bajo el nombre clave “Litempo 8”.
Los archivos señalan que el político mexicano colaboró con funcionarios estadounidenses durante las presidencias de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, gobiernos que mantuvieron una estrecha relación con los servicios de inteligencia de Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría.
Uno de los episodios más citados es la investigación sobre Lee Harvey Oswald, acusado de asesinar al presidente estadounidense John F. Kennedy en 1963. Los documentos indican que Echeverría tuvo participación en interrogatorios relacionados con contactos de Oswald durante su estancia en México, incluida la empleada del consulado cubano Silvia Durán.
El vínculo de Echeverría con la CIA fue posteriormente analizado por investigadores como Jefferson Morley en su libro Nuestro hombre en México, basado en la figura de Winston Scott, jefe de la estación de la CIA en México entre 1956 y 1969.
De la inteligencia estadounidense a la amistad con Fidel Castro
El mandatario mexicano visitó Cuba y recibió al líder cubano en México en un contexto donde La Habana estaba aislada diplomáticamente por gran parte del continente americano.
Echeverría llegó a elogiar públicamente a Castro y afirmó que pasaría a la historia “junto a Bolívar y a Martí”, calificándolo como un líder político extraordinario con una visión de independencia para Cuba.
Por su política de liderar el mundo subdesarrollado, fue el primer presidente mexicano en viajar a la Isla en 1975, con el objetivo de refrendar el apoyo de nuestro país al régimen cubano, pero tomando como base uno de los principios de política exterior: el principio de no intervención en asuntos internos.
Según reportajes de medios mexicanos, ambos mantenían una relación que iba más allá de los encuentros oficiales. Realizaron recorridos juntos durante visitas diplomáticas e incluso fueron fotografiados en una embarcación en alta mar vistiendo ropa informal, una imagen que simbolizó la cercanía entre ambos.
La relación también estuvo influenciada por la política exterior de Echeverría, quien buscó proyectar a México como un país independiente de Washington y fortaleció vínculos con gobiernos socialistas o movimientos de izquierda en América Latina.
Un gobierno marcado por represión y controversias
Como secretario de Gobernación durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, fue señalado por su responsabilidad política en la represión del movimiento estudiantil de 1968, conocido como la Masacre de Tlatelolco, donde murieron decenas de manifestantes.
Aunque las cifras exactas siguen siendo motivo de debate, organizaciones de derechos humanos han documentado la participación de fuerzas militares y grupos paramilitares en la operación contra estudiantes reunidos en la Plaza de las Tres Culturas.
Ya como presidente ocurrió el llamado Halconazo de 1971, una nueva represión contra estudiantes en Ciudad de México que dejó decenas de muertos.
Además, su administración fue acusada de presionar a medios críticos. Uno de los casos más conocidos fue el conflicto con el periódico Excélsior, cuya dirección cambió después de una intervención política denunciada por periodistas como un intento de controlar la línea editorial del diario.
