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Hija de Fidel Castro habla sobre un cambio de régimen en Cuba: “Es impostergable”

Considera que manifestaciones como los cacerolazos no bastan por sí solas para derribar un sistema que se ha consolidado por 67 años
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Fernández explicó que desde niña comenzó a entender la lógica del comunismo cubano. (Imagen incrustada con HTML © Epoch Times)

Alina Fernández Revuelta, hija del fallecido dictador Fidel Castro, afirmó que en Cuba es “impostergable” un cambio de régimen y aseguró que esa necesidad existe desde finales de los años 80.

La declaración fue ofrecida en una entrevista con The Epoch Times y vuelve a colocar en el centro del debate a una figura que creció dentro de la élite revolucionaria, pero terminó convertida en una de las personas más críticas del sistema político creado por su padre.

Su testimonio adquiere relevancia por producirse en medio de una nueva etapa de crisis en la Isla, marcada por apagones, escasez de alimentos y falta de medicamentos. Ahora, según el propio secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, tal vez haya una oportunidad para un cambio en Cuba.

Sobre la situación actual del país, Fernández se mostró escéptica ante la posibilidad de un cambio inmediato promovido desde dentro de Cuba. Aunque alude a protestas recientes, apagones y escasez generalizada, considera que manifestaciones como los cacerolazos no bastan por sí solas para derribar un sistema que se ha consolidado por 67 años.

Su argumento es que el aparato comunista sigue profundamente arraigado y con el poder muy concentrado. Incluso recordó que, tras la muerte de Fidel Castro, muchos pensaron que el régimen terminaría, porque era “muy personalista y paternalista… narcisista… Pero sobrevivió”.

Para ella, esa supervivencia confirma la capacidad del sistema para perpetuarse incluso en medio del desgaste. Durante años se mantuvo alejada de los medios, pero ahora ha decidido volver a hablar. “Llevo muchos, muchos años guardando silencio”, dijo. Y explicó esa ausencia con otra frase reveladora: “Tenía la sensación de que ya había dicho todo lo que tenía que decir”.

Hija de Fidel Castro habla sobre un cambio de régimen en Cuba “Es impostergable”
Alina emigró a España en 1993 y luego se trasladó a EEUU. (Captura de pantalla © Edwin Pérez – YouTube)

No se enteró de su padre biológico hasta los 10 años

Fernández nació en 1956 y creció en La Habana. Es hija de Fidel Castro y de Natalia Revuelta, aunque fue criada junto a su madre y su padrastro, el cardiólogo Orlando Fernández Ferrer.

Según relató, no supo hasta los 10 años quién era realmente su padre biológico. Por razones legales, conservó el apellido de su padrastro.

Esa historia personal, atravesada por silencios, tensiones familiares y un entorno dominado por el poder político, marcó buena parte de su vida. Con el tiempo, esa cercanía al núcleo del castrismo no se tradujo en lealtad ideológica, sino en una ruptura abierta con el régimen.

Comenzó a ser opositora al régimen

Fernández explicó que desde niña comenzó a entender la lógica del comunismo cubano. Uno de los episodios que más la impactó fue el llamado “trabajo voluntario”, una práctica impuesta incluso a menores. Recordó que intentó negarse, pero su madre le dijo que debía asistir.

A partir de esa experiencia, entendió que muchas de las palabras usadas por el régimen escondían obligaciones y control estatal. “Así descubrí que en Cuba, voluntario significaba obligatorio”, dijo.

También resumió esa toma de conciencia con otra frase que retrata su desencanto temprano: “Me di cuenta muy pronto de que me estaban mintiendo”. Para ella, ese fue uno de los primeros contactos directos con la manipulación del lenguaje y la coerción política.

Con el paso de los años, su distancia con el poder se hizo mayor hasta convertirse en oposición abierta. Fernández contó que se hizo disidente públicamente a finales de los años 80.

Dijo que vivía con miedo y que ese temor se extendía a su hija. “Me convertí en disidente, quiero decir, públicamente… a finales de los 80. Así que tenía miedo. Temía por mi hija, que le pudiera pasar algo”, declaró.

Su crítica no era abstracta. Estaba vinculada a la realidad cubana de entonces, cuando el país avanzaba hacia el colapso económico tras la desaparición de la Unión Soviética, principal sostén externo del sistema.

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Supo después de 10 años que su padre biológico era un dictador. (Imagen incrustada con HTML © Epoch Time)

Vivió el Periodo Especial como una “miseria total”

Para Fernández, el Período Especial fue una etapa devastadora. Lo describió como años de “miseria total”, sin electricidad, sin comida, sin transporte público y con las escuelas cerradas.

Aunque reconoció que hoy muchos cubanos consideran que la situación actual es peor, insistió en que los años 90 fueron “terrible, terrible”. Esa etapa no solo profundizó su visión crítica, sino que reforzó la idea de que el modelo cubano había llevado al país a una situación insostenible.

Otro punto decisivo en su ruptura con el castrismo fue el éxodo del Mariel, en 1980. Fernández recordó que el régimen promovió actos de repudio y violencia contra quienes querían abandonar el país.

“Se animaba a la gente a ir a golpear a esas personas, a gritarles, a humillarlas y, en algunos casos, a matarlas porque estaban dispuestas a abandonar el país”, afirmó.

También dijo que presenciar ese trato oficial le causó una herida profunda: “Y para mí, eso fue un punto de inflexión muy, muy duro al ver que se trataba a la gente de esa manera oficialmente. Me partió el corazón”.

En otra de sus declaraciones más duras, resumió el costo humano del sistema: “Una de las mayores tragedias cubanas… es que esta locura dividió a las familias de la forma más dramática. Así que, si no pensabas igual, te convertías en el enemigo”.

Salida al exilio

En 1993, logró escapar de Cuba con ayuda del pasaporte de un turista español. Primero llegó a España y luego obtuvo asilo político en Estados Unidos a través de la embajada estadounidense en Madrid.

El 21 de diciembre de ese año, entró en territorio norteamericano por Atlanta. Su salida tuvo un alto costo personal, pues debió dejar atrás temporalmente a su hija.

Más tarde, una gestión del reverendo Jesse Jackson permitió la salida de la menor, un hecho que Fernández describió como una “intervención divina”. Ambas pudieron reunirse luego en Estados Unidos.

Ya en el exilio, Fernández se convirtió en una defensora de la libertad para Cuba. Publicó en 1998 sus memorias, La hija de Castro: Memorias de una exiliada de Cuba.

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