
Alina Fernández, hija biológica del dictador Fidel Castro y una de las voces más conocidas del exilio cubano en Miami, lanzó una advertencia en medio del aumento de las tensiones entre Washington y La Habana: Estados Unidos podría estar subestimando la capacidad del régimen cubano para resistir una eventual escalada militar o política.
Fernández, crítica declarada del sistema impuesto por su padre, dejó claro que no defiende al gobierno cubano. Sin embargo, alertó que una solución basada en la fuerza podría terminar golpeando sobre todo a la población civil, ya marcada por años de crisis económica, apagones, escasez y presión política.
“No es la primera vez que se les dice a los cubanos que una invasión es inminente”, dijo durante una entrevista con CNN. “Hemos estado bajo una invasión, o al menos en condiciones de invasión, durante los últimos 67 años. Estoy segura de que están preparados. No sé cómo van a reaccionar”.
Alina teme que el régimen use al pueblo cubano como carne de cañón
El peso de sus palabras está precisamente en el lugar desde donde habla. Alina Fernández salió de Cuba en 1993, disfrazada con peluca y usando un pasaporte falso, en una fuga que la convirtió en una figura simbólica para parte del exilio. Desde entonces ha mantenido una postura crítica hacia La Habana.
Aun así, su análisis no se centra en celebrar una posible acción de EEUU, sino en advertir sobre sus consecuencias. Fernández sostuvo que los regímenes autoritarios suelen colocar a la población en una posición vulnerable durante escenarios de confrontación.
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“Sabemos que estos regímenes ponen a civiles en primera línea”, afirmó. “Esa es la sensación que tengo: que mi alegría no se verá reflejada en la forma en que se llegue a una solución. Va a ser muy doloroso”.
Su mensaje llega en un momento especialmente sensible para los cubanos dentro y fuera de la isla, cuando la retórica de Washington hacia Cuba se ha endurecido y el gobierno cubano responde con llamados a la defensa nacional.
Díaz-Canel habla de “baño de sangre” y crece la tensión
Las declaraciones de Fernández coinciden con la advertencia del gobernante Miguel Díaz-Canel, quien aseguró que una agresión militar de EEUU contra Cuba provocaría un “baño de sangre de consecuencias incalculables”.
La Habana ha rechazado las acusaciones sobre supuestos preparativos militares ofensivos y sostiene que cualquier despliegue defensivo responde a su derecho a protegerse ante amenazas externas. Washington, por su parte, ha incrementado la presión política y económica contra el régimen cubano.
En ese contexto, Fernández apuntó al secretario de Estado Marco Rubio como una figura clave en el endurecimiento de la postura estadounidense. Según dijo, la línea más agresiva hacia Cuba estaría condicionada “mucho más” por la presencia de Rubio en el gobierno que por el propio presidente Donald Trump.
La lectura de Fernández conecta con una preocupación extendida entre sectores del exilio: que una estrategia diseñada para debilitar al régimen termine provocando una crisis humanitaria mayor para los cubanos de a pie.
Raúl Castro, Hermanos al Rescate y el simbolismo del 20 de mayo
Otro punto de tensión es la acusación penal federal que el Departamento de Justicia de EEUU tenía previsto anunciar contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate, ocurrido el 24 de febrero de 1996.
En aquel ataque murieron cuatro cubanoamericanos. Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, ha sido señalado durante años por familiares de las víctimas y sectores del exilio como responsable político o militar del operativo.
Fernández, sin embargo, cuestionó el sentido práctico de abrir ahora un proceso contra su tío. “Raúl Castro tiene casi 95 años”, dijo. “No le veo mucha lógica a lo que está pasando, salvo que esto forme parte de la estrategia”.
El anuncio previsto en Miami, coincidiendo con el Día de la Independencia de Cuba, añade una carga simbólica evidente. Para el exilio, el caso Hermanos al Rescate sigue siendo una herida abierta. Para La Habana, una imputación contra Raúl Castro sería leída como una nueva escalada de Washington.
Fernández cerró su análisis con una idea central: el régimen cubano no debe ser visto como un actor dispuesto a rendirse con facilidad. “Es muy difícil para la gente rendirse”, advirtió. “Es muy difícil para los países admitir que perdieron la guerra”.

