
La discusión sobre un eventual cambio político en Cuba ha comenzado a poner bajo observación a un nombre hasta hace poco menos visible para buena parte del público: Óscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera.
El funcionario, de 55 años y formado como ingeniero eléctrico, aparece en análisis recientes como una figura a seguir dentro del actual gobierno cubano. No lleva el apellido Castro, pero sí tiene un vínculo familiar con Fidel y Raúl Castro: es sobrino nieto de ambos, una conexión que le otorga peso simbólico dentro de una estructura donde la legitimidad histórica sigue teniendo importancia.
La idea que ha comenzado a circular en círculos de análisis en EEUU es si Cuba podría tener una figura semejante a Delcy Rodríguez en Venezuela: alguien perteneciente al aparato de poder, pero con quien Washington pudiera intentar algún tipo de entendimiento en un escenario de negociación o transición.
Pérez-Oliva Fraga, poder económico y perfil ascendente
Óscar Pérez-Oliva Fraga ocupa hoy dos posiciones relevantes. Además de viceprimer ministro, dirige el Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, una cartera clave en momentos en que Cuba busca oxígeno financiero en medio de una crisis prolongada.
Su perfil ha ganado visibilidad por el papel que ha desempeñado en la promoción de nuevas medidas económicas, entre ellas la posibilidad de que cubanos residentes en el exterior puedan invertir y participar en negocios en la isla. Ese giro tiene una carga política evidente: durante décadas, el exilio cubano fue tratado por el régimen como enemigo ideológico, mientras ahora aparece como una posible fuente de capital, experiencia y conexiones.
La apertura anunciada no elimina las dudas sobre garantías jurídicas, control estatal o límites reales para los inversionistas. Sin embargo, sí muestra que La Habana intenta mover piezas en un terreno especialmente sensible: la relación económica con la diáspora.
La comparación con Delcy Rodríguez divide a los analistas
En entrevista esta semana con CBS News, Christopher Hernandez-Roy, investigador principal y subdirector del Programa para las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, ha sugerido que Pérez-Oliva Fraga podría ser una posible figura “Delcy” para Cuba.
La comparación alude al papel atribuido a Delcy Rodríguez en Venezuela como dirigente del propio sistema con capacidad de interlocución en un escenario de presión externa. Pero esa lectura no es compartida de forma unánime.
Ryan Berg, exdirector del Programa para las Américas del CSIS, advirtió en marzo que resultaría difícil para EEUU replicar en Cuba una estrategia similar a la venezolana, porque no parece existir por ahora una figura equivalente claramente identificable dentro del poder cubano.
Ese matiz es importante: que un funcionario aparezca en el radar de analistas no significa que sea candidato, negociador designado ni pieza aceptada por Washington. De momento, se trata de una hipótesis política, no de un hecho confirmado.
El peso de los Castro y el límite de la Helms-Burton
El elemento familiar añade otra capa al caso. Pérez-Oliva Fraga forma parte del gobierno y, según registros oficiales, también es diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. En el sistema cubano, el presidente de la República es elegido por la Asamblea entre sus diputados, lo que hace relevante cualquier ascenso parlamentario de figuras del Ejecutivo.
Pero cualquier eventual escenario de transición enfrentaría un obstáculo jurídico en EEUU: la Ley Helms-Burton. Esa norma condiciona el levantamiento del embargo a la existencia de un gobierno de transición que no incluya a Fidel ni a Raúl Castro y que avance hacia elecciones libres y una economía de mercado.
La pregunta de fondo es si un funcionario emparentado con los Castro, aunque sin llevar ese apellido, podría ser aceptable en un marco de negociación con Washington. También queda por ver si su perfil económico, más pragmático que ideológico en apariencia pública, bastaría para convertirlo en una figura viable ante actores externos y ante las propias élites cubanas.
Por ahora, Pérez-Oliva Fraga representa más una señal que una respuesta. Su ascenso, su vínculo familiar y su papel en la apertura económica a la diáspora lo convierten en un nombre a observar de cerca, especialmente si aumentan las presiones sobre La Habana y se abren nuevas conversaciones con EEUU.

