
No resulta extraño que medios oficiales como Granma recurran a tácticas de desprestigio y difamación para atacar a los medios independientes cubanos que, con esfuerzo y dedicación, intentan ofrecer una visión veraz y sin censura de la realidad cubana.
En un artículo reciente —Odian al país que se resiste al odio—, el coronel y seudoperiodista cubano Francisco Arias Fernández lanza un ataque sin fundamentos ni pruebas, acusando a los medios independientes de ser “mercenarios” al servicio de intereses extranjeros. Estas acusaciones no solo son falsas, sino también una muestra clara del temor que la dictadura de los Castros siente ante la creciente necesidad del pueblo cubano de acceder a información transparente y libre.
El artículo de Arias Fernández, cataloga a medios como el nuestro de herramientas de “desestabilización” y “penetración”. Los acusa de ser “puntas de lanza” de políticas extranjeras hostiles contra Cuba. Esta narrativa, cargada de retórica obsoleta y sin pruebas concretas, intenta demonizar el trabajo legítimo de periodistas independientes que, en lugar de servir a agendas políticas de regímenes dictatoriales, están comprometidos con visibilizar la voz de los cubanos que el gobierno intenta silenciar.
Es ridículo catalogar de “mercenarios” a los comunicadores que enfrentan diariamente riesgos y censura para contar la verdad de lo que ocurre en la Isla. No estamos a los “pies de un nuevo amo”, como afirma el autor del órgano oficial del Partido Comunista, estamos del lado de un único “amo”: el pueblo cubano.
Los medios independientes no tienen que justificar su existencia ante un gobierno que ha reprimido cualquier intento de libertad de expresión y que controla la narrativa pública a su antojo.

A lo largo de su artículo, el autor recurre a imágenes e historias del pasado para intentar crear una narrativa de terror en torno a los medios independientes. Habla de terroristas, conspiraciones y magnicidios, como si los medios fuesen responsables de esos episodios históricos.
Sin embargo, el verdadero terror al que se enfrentan los cubanos es el del propio gobierno cubano encabezado por Miguel Díaz-Canel, un mandatario incapaz de controlar la situación. Más de 60 años de castrismo no han hecho más que acrecentar la falta de oportunidades, la escasez de productos básicos, la carencia de servicios de salud y la represión hacia el pueblo cuando exige sus derechos.
¿Quién se beneficia realmente del sufrimiento del pueblo cubano? No son los medios independientes, sino un gobierno que, desde hace décadas, explota el embargo estadounidense como justificación de su ineficiencia. Los medios independientes, por el contrario, informan sobre una realidad que la dictadura no quiere que se sepa, con la esperanza de que el cambio comience con el conocimiento y la verdad.
El artículo de Granma intenta reducir el trabajo de los medios a un conflicto geopolítico, calificándonos de aliados del “imperio” y de grupos de poder.
Periódico Cubano se sustenta por sus propios medios y su compromiso no es con ningún gobierno extranjero; nuestra responsabilidad es informar y defender el derecho de los cubanos a saber lo que sucede en su país. No servimos a “politiqueros del Capitolio” ni a “mafiosos”; servimos a los ciudadanos cubanos, quienes tienen derecho a una prensa libre que refleje sus inquietudes, denuncie las injusticias y desafíe las mentiras del poder.

La esencia de los discursos que provienen de La Habana, siempre es la de negarse a reconocer el fracaso de su modelo y a encontrar culpables externos. La llegada de Internet no les ha beneficiado como querían; pero gracias a ella el pueblo cubano sabe distinguir entre propaganda y realidad, entre manipulación y transparencia.
Por mucho que intenten desprestigiarnos, seguiremos siendo esa alternativa que los cubanos necesitan, esa ventana al mundo sin filtros. La verdadera traición a Cuba es negar a su pueblo el derecho a una información veraz y oportuna. Seguiremos trabajando, a pesar de las amenazas y los intentos de censura.

