
Mario Kindelán, uno de los más grandes boxeadores de Cuba, dio detalles reveladores sobre su vida personal y profesional en una reciente entrevista en el pódcast La Remontada. Entre sus declaraciones más impactantes destacan su rechazo a ofertas millonarias, su relación con Fidel Castro y la controversia sobre sus medallas, aclarando malentendidos que marcaron su carrera.
En 2000, en los Juegos Olímpicos de Sídney, Mario Kindelán vivió un conflicto con el colectivo técnico cubano, que quería que bajara de peso para competir en la categoría de 57 kg.
Sin embargo, Mario temía que esta decisión afectara su rendimiento. En un acto desafiante, contactó directamente a Fidel Castro, quien, tras escuchar su solicitud, le permitió competir en la categoría de 60 kg, en la que el atleta logró ganar la medalla de oro.
En un gesto simbólico, Mario regaló su medalla a Fidel, quien, según sus palabras, consideraba como una figura trascendental, comparando su lealtad a él con la de un devoto a su religión.
Después de su oro en los Juegos Panamericanos de 1999, Mario fue contactado por promotores internacionales con una oferta tentadora: $250.000 dólares y un cheque en blanco para unirse al boxeo profesional; pero rechazó la oferta, destacando que nunca traicionaría sus ideales. Según él, priorizó la familia antes que el dinero. Al pasar los años, no se arrepiente de su decisión.
A lo largo de su carrera, Mario fue objeto de rumores sobre la venta de sus medallas y trofeos. En la entrevista, aclaró que nunca vendió ninguno de ellos. En 2006, cuando decidió donar sus medallas al Museo Provincial de Holguín, los trofeos fueron robados en un extraño incidente.
Sin embargo, un hombre de Dubái, después de contactar con Mario, le devolvió los trofeos robados, lo que aclaró los malentendidos sobre su supuesta venta. Mario reafirmó que, a pesar de las dificultades económicas, nunca comprometió su honor ni el valor de sus logros.
En 1995, Mario sufrió uno de los mayores golpes de su carrera cuando fue sancionado por un positivo en un control antidoping, acusado de usar furosemida para bajar de peso. A pesar de su defensa de la inocencia, la sanción lo apartó del ring durante tres años.
Durante este tiempo, Mario vivió tranquilo y alejado del boxeo, dedicándose a la gastronomía. En 1998, después de cumplir su castigo, Mario regresó al cuadrilátero con la misma determinación y recuperó rápidamente su título de campeón.
Después de su retiro del boxeo, continuó vinculado al deporte, pero en el rol de entrenador. Aunque se le ofreció un puesto en el equipo nacional, prefirió quedarse en su ciudad natal, Holguín, para contribuir al desarrollo del boxeo local. A pesar de las dificultades económicas, sigue comprometido con la formación de jóvenes boxeadores, demostrando su pasión por el deporte.


MUY BIEN como buen patriota y civaton que le davan las medallas al ASESINO MAYOR que verguenza de pueblo basuras son