
Lázaro Jesús Valdez González-Fune, preso político de 33 años, encarcelado en la zona cero del Combinado del Este, en La Habana, enfrenta un deterioro grave de su salud debido a la falta de atención médica. Padeciendo de diabetes y sin acceso a los medicamentos necesarios, su condición se ha agravado, llevándolo al borde de la ceguera, denunció en redes sociales el activista por los derechos humanos Marcel Valdés.
La situación refleja la crisis humanitaria que afecta a miles de prisioneros en Cuba, mientras gobiernos internacionales, incluidos los Estados Unidos bajo la administración Biden-Harris, son acusados de hacer la vista gorda ante estos abusos.
Lázaro Valdez, arrestado durante las manifestaciones del 11 y 12 de julio, fue condenado a cinco años de prisión en condiciones extremas. Su diabetes requiere inyecciones de insulina hasta cuatro veces al día, pero en la prisión no le proporcionan el medicamento, y su familia enfrenta enormes dificultades para conseguirlo debido a la escasez en la Isla. Esta situación crítica ha provocado un rápido deterioro de su salud, incluyendo la pérdida de visión, un síntoma alarmante de la falta de atención médica en el sistema penitenciario cubano.
Los familiares de Valdez han denunciado repetidamente la falta de medicinas y el maltrato en las prisiones cubanas, pero hasta ahora, las autoridades no han tomado medidas para aliviar la situación. Estas condiciones deplorables no solo afectan a este recluso en particular, sino también a cientos de presos políticos en todo el país, quienes son víctimas de un sistema represivo que los mantiene en condiciones inhumanas.
Mientras tanto, la comunidad internacional, incluyendo gobiernos que promueven los valores de libertad y democracia, ha sido criticada por no presionar lo suficiente al régimen cubano. En particular, la administración actual en Estados Unidos ha sido señalada por relajar sanciones que, según críticos, solo fortalecen al régimen castrista y perpetúan la represión contra el pueblo cubano.
La situación de Lázaro Valdez pone en evidencia la difícil realidad que enfrentan los presos políticos en Cuba, quienes sufren en silencio mientras el mundo parece desviar la mirada. La urgencia de su caso y el de muchos otros exige una respuesta inmediata de la comunidad internacional.

