
El régimen cubano confirmó este 13 de marzo lo que era un secreto a voces: desde hace semanas hay conversaciones con la administración de Donald Trump, pese a que reiteradamente se había negado por la prensa oficialista y funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex).
El dictador Miguel Díaz-Canel anunció en una conferencia de prensa que ambas naciones comenzarán conversaciones bilaterales con el objetivo de “resolver las diferencias existentes”. Como resultado, Cuba comenzó a tomar algunas acciones unilaterales que, al parecer, forman parte de las primeras exigencias de Washington.
Por ejemplo, se anunció la liberación de 51 prisioneros como parte de un gesto humanitario, con la mediación del Vaticano. Estas personas privadas de la libertad han cumplido gran parte de la condena y mantenido buen comportamiento.
Además, se informó que los exiliados cubanos podrán participar en la economía de la Isla, facilitando inversiones en sectores clave. Más detalles del alcance de la medida se darán a conocer el lunes.
Asimismo, Cuba permitirá la llegada de un grupo de agentes del FBI para investigar un intento de infiltración armada en Villa Clara. El pasado 24 de febrero, una lancha con 10 cubanoamericanos fue tiroteada por agentes de tropas guardafronteras.
¿Ante todo esto qué espera el régimen castrista de Estados Unidos?
Según lo expresado por Díaz-Canel, uno de los puntos cruciales de las conversaciones será la búsqueda de soluciones a los problemas más urgentes que afectan las relaciones entre ambos gobiernos.
Es posible que entre estos temas se contemple la grave crisis energética que atraviesa Cuba. EEUU está impidiendo que el régimen importe petróleo, necesario para la generación de electricidad y el transporte.
El levantamiento de estas prohibiciones podría ser uno de los primeros beneficios para Cuba, lo que aliviaría la crisis energética que afecta a millones de cubanos.
Otra medida que se contempla en el marco de este diálogo es la flexibilización de las restricciones de viaje a Cuba para los ciudadanos estadounidenses, tal como se filtró en un reportaje reciente de USA Today.
Esta apertura facilitaría que los exiliados cubanos pudieran invertir en sectores clave de la economía nacional, como la hotelería, los alimentos, la energía y el turismo, en áreas de alto valor como los campos de golf y resorts.
Todo formaría parte de un acuerdo de cambios que impulsa la administración Trump y que empezaría por las cuestiones económicas.
Sin embargo, en ningún caso el presidente de EEUU podría levantar el embargo a Cuba, pues eso es facultad del Congreso, que debe certificar primero que no existen presos políticos en Cuba, que hay legalización de partidos políticos y que se convocan a elecciones libres.
Paralelismo con el caso venezolano
En Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro y la llegada de Delcy Rodríguez como presidenta interina, Washington ha ido levantando restricciones en el sector petrolero, autorizando a empresas estadounidenses y extranjeras a operar, comprar y vender crudo venezolano como parte de un proceso de reactivación energética y aprovechamiento de los recursos estratégicos del país.
Estas medidas incluyen licencias que permiten a compañías como Chevron, Shell y Repsol volver a sus actividades petroleras, generando ingresos para el Estado venezolano y atrayendo inversión extranjera al país.
El gobierno de EEUU también restauró las licencias para que las aerolíneas estadounidenses volvieran a operar vuelos comerciales.

