
El régimen comunista mostró nuevamente a Raúl Castro, un anciano próximo a cumplir los 95 años, pero que con sus descendientes sigue controlando el destino del país.
El 1.º de mayo el dictador apareció en primera línea junto a su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, para vigilar muy de cerca a Miguel Díaz-Canel mientras mantienen conversaciones con Estados Unidos.
Raúl Castro no era visto en público desde mediados de enero, por eso resalta la puesta en escena del régimen en un acto convocado frente a la embajada de EEUU en el malecón habanero.
Su presencia en la marcha oficialista fue interpretada como un intento de exhibir continuidad y control en medio de un escenario de desgaste interno, crisis económica y dudas sobre la relación de La Habana con Washington.
El régimen cubano volvió a mostrar al general retirado como figura de autoridad, pese a su avanzada edad y a su escasa aparición pública en los últimos meses. En la narrativa oficial, su presencia busca reforzar la idea de unidad dentro de la llamada “generación histórica” y el actual aparato de poder.
Además de Raúl el otro “histórico” presente fue José Ramón Machado Ventura. Resaltó la ausencia de Ramiro Valdés de 92 años, de quien se dice atraviesa por una compleja condición de salud.
El nieto de Raúl Castro ha sido señalado como una figura cercana al núcleo de poder familiar y como posible vía de comunicación con el anciano dirigente. En las últimas semanas se le atribuye, además, un rol en contactos relacionados con Estados Unidos. Además de su intento por enviarle una carta a Donald Trump.
En el acto, Díaz-Canel levantó un cartel donde aseguraba contar con más de 6 millones de firmas de apoyo a una declaración del Partido Comunista. Esa cifra fue recibida con escepticismo por usuarios en redes sociales, que cuestionaron la credibilidad de una movilización de esa magnitud en un país marcado por apagones, escasez, bajos salarios y creciente descontento social.
Cubanos critican el acto de propaganda
Varios comentarios de cubanos recogidos en redes sociales apuntaron a la posibilidad de coacción sobre trabajadores y estudiantes para asistir a actos oficiales o respaldar iniciativas del Gobierno.
Otros usuarios ironizaron sobre la cifra de firmas y la compararon con discursos propagandísticos de otros aliados políticos de La Habana. En esas reacciones predominó una lectura de rechazo, burla y cansancio ante la retórica oficial.
Las críticas también se centraron en el contraste entre la imagen de los dirigentes y la vida cotidiana de la población. Algunos comentarios señalaron que figuras de la cúpula cubana han llegado a edades avanzadas gracias a privilegios, buena alimentación, medicinas y cuidados inaccesibles para la mayoría.
Otros recordaron que muchos ancianos en Cuba enfrentan carencias severas por la crisis económica y el deterioro del sistema de salud.
El acto del 1.º de mayo, concebido por el régimen como una demostración de fuerza, terminó generando una amplia conversación crítica en plataformas digitales. La presencia de Raúl Castro, lejos de cerrar cuestionamientos, reavivó señalamientos sobre la permanencia de una élite envejecida en el poder, la falta de alternancia democrática y el uso de la movilización oficial como mecanismo de legitimación política.
