
La cúpula del Partido Comunista de Cuba (PCC) realizó dos importantes cambios en las direcciones de los Comités Provinciales en Las Tunas y Camagüey. La ejecución del “movimiento de cuadros” fue presidida por Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político y secretario de Organización del Comité Central del PCC.
En provincia de Las Tunas, se anunció la liberación de Walter Simón Noris de su cargo como máximo dirigente en el territorio. El “cuadro político”, que llevaba menos de un año en ese cargo, ahora pasa para la misma función, pero en la vecina provincia de Camagüey.
Para Las Tunas llegó importado desde Isla de la Juventud Osbel Lorenzo Rodríguez, quien la semana pasada había sido relevado de su cargo en el territorio pinero. Lorenzo Rodríguez, de 51 años, es licenciado en Educación Primaria y cuenta con 25 años de experiencia en la dirección política, destacándose por su trabajo en diferentes municipios de Sancti Spíritus y, más recientemente, en la Isla de la Juventud.
Según la nota oficial, es reconocido por su fuerte vínculo con el pueblo pinero y su capacidad para impulsar proyectos de desarrollo económico y social en la región. Durante su mandato en la Isla de la Juventud, trabajó de cerca con otras instituciones para fomentar la unidad y la confianza en torno al Partido, elementos considerados clave por las autoridades del régimen.
Para que Walter Simón Noris llegara a Camagüey, la cúpula partidista ya había despedido a Federico Hernández Hernández. El comunicado oficial aclara que Hernández Hernández, quien antes de llegar a tierras agramontinas había sido primer secretario en Granma, deja el cargo “por renovación” tras pasar más de 25 años de trabajo político en diversas responsabilidades dentro del Partido.
Simón Noris, de 55 años, es licenciado en Cultura Física y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. El régimen también destacó su contribución a la colaboración con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (Minint) para garantizar el cumplimiento de los objetivos establecidos.
El PCC ha sido históricamente un régimen autoritario donde las decisiones clave, incluyendo los cambios de liderazgo, son tomadas de manera centralizada, sin involucrar a sus miembros en procesos de consulta democrática. En lugar de un sistema de elección abierta o participación activa de sus bases, el Partido se rige por una estructura jerárquica donde el Buró Político y otros altos mandos deciden quiénes ocuparán cargos clave, sin rendir cuentas a la población o a sus miembros.
Este sistema refleja una práctica común en regímenes autoritarios, donde el control del poder político está concentrado en un pequeño grupo de dirigentes. El concepto de “democracia interna” es ajeno al Partido Comunista Cubano, que, bajo el liderazgo del régimen castrista, ha operado como una institución cerrada, orientada a garantizar la perpetuidad del poder centralizado en manos del liderazgo máximo, como se observa en el carácter casi sectario de la toma de decisiones.

