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PERIÓDICO CUBANO

Trinidad Lagomasino, una de las grandes espías de la Guerra Necesaria

Historia de Cuba

Trinidad Lagomasino, una de las grandes espías de la Guerra Necesaria

Trinidad Lagomasino Álvarez en la galería de Espirituanos Ilustres se la describe como “conspiradora y auxiliar de los revolucionarios en armas, en la contienda de 1895, se tornó en confidente y corresponsal del Generalísimo Máximo Gómez”. (Foto restaurada: Periódico Cubano)

El periodo conocido como la Guerra Necesaria, de 1895 a 1898, fue decisivo en la gesta cubana contra el colonialismo español. En esta etapa, y durante la contienda anterior, las mujeres tuvieron una decisiva participación en las filas del Ejército Libertador.

Quien fuera conocida como La Solitaria, nació en Sancti Spíritus, en 1862, fruto del matrimonio entre un militar español y una dama criolla de esta región. En este mismo territorio en que vio la luz, la cuarta villa fundada en Cuba por los conquistadores españoles, fallecería en 1929.

La incorporación de Trinidad a la gesta independentista estuvo motivada por su hermano Luis. Siendo muy joven, comenzó a prestar sus servicios para alcanzar la liberación de la patria, aunque era aquel un periodo complejo en el que la mujer debía quedarse en casa y cumplir unas funciones que le eran heredadas: coser, bordar, cocinar, tener hijos o cuidar de los ancianos.

Esta dama tenía una elevada posición social. Su esposo, Rafael Madrigal y Cruz ocupaba el cargo diplomático de cónsul de Estados Unidos en Cartagena de Indias, y también colaboró con la causa independentista cubana en las diferentes guerras. La finca Quemadito, propiedad de Rafael, pero al mando de Trinidad, debido a la ausencia por motivos de trabajo del propietario, fue escenario de planificaciones estratégicas en apoyo a la contienda.

En este lugar, La Solitaria organizaba encuentros. Por su delicada y esbelta figura y también por su refinado gusto y amplia cultura, se convirtió en una agradable anfitriona de veladas en las que aprovechaba para oír las conversaciones de funcionarios y miembros del ejército español. Las informaciones que obtenía las hacía llegar a los superiores y jefes del mando independentista.

Para trasladar este contenido del modo más seguro y secreto posible, en un sobre lacrado estampaba el sello identificativo de la valija diplomática de su esposo. Este mismo método lo empleaba para gestionar la correspondencia del exterior, que llegaba a Cuba por vía directa o a través del consulado de los Estados Unidos.

En su natal Sancti Spíritus, obtuvo apoyo, aunó distintos clubes patrióticos y convenció de unirse a la amplia red de colaboración a muchos amigos, que, en cierta medida, dudaban incorporarse a la independencia.

Debido al excelente servicio que estaba prestando, pudo ampliar sus influencias hacia otras provincias como La Habana, Cienfuegos y Matanzas. Se encargó de gestionar el correo militar y la atención a los familiares de los combatientes alzados en armas. Se codeó con destacados jefes mambises como Juan Bruno Zayas y fue mensajera directa de Máximo Gómez, quien la trataba como una hija y la ascendió al grado militar de capitana.

En la Galería de Espirituanos Ilustres se la describe como “conspiradora y auxiliar de los revolucionarios en armas, en la contienda de 1895, se tornó en confidente y corresponsal del Generalísimo Máximo Gómez”.

Participó activamente en la recogida de fondos, aunque muchas veces tuvo que solventar ella misma los gastos. El dinero recaudado lo distribuía para la compra de armas y medicinas; una parte de los fondos los destinaba a ayudar económicamente a viudas y huérfanos.

Se especula que el sobrenombre, La Solitaria, le viene por su modo de actuación: siempre sola.

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