
La agudización de la crisis energética en Cuba, con apagones de hasta 20 horas al día en algunas regiones, ha llevado a la población a recurrir nuevamente al uso de hornillas de carbón, un recurso ampliamente utilizado durante el Período Especial.
Un lector de Periódico Cubano compartió con esta redacción una foto tomada en la ciudad de Santa Clara, donde en la zona del Sandino proliferan los vendedores de hornillas de carbón. El precio de estos aditamentos artesanales se ha elevado hasta 2.500 pesos cubanos (CUP), mientras una lata de carbón puede costar alrededor de 2.000 CUP. Las cifras son exorbitantes para un país donde el salario mínimo es de 2.100 CUP.
El carbón es la única alternativa que les queda a los cubanos ante la falta de electricidad y escasez de gas licuado de petróleo (GLP), cuya distribución también está en manos del monopolio estatal Cupet.
La crisis energética que atraviesa Cuba es resultado de décadas de falta de mantenimiento e inversión en infraestructuras eléctricas. La negligencia y la corrupción han dejado al sistema eléctrico nacional en una situación precaria, incapaz de satisfacer la demanda energética.
En lugar de priorizar la modernización de la red eléctrica, los fondos públicos han sido mal gestionados, lo que agrava la calidad de vida de los cubanos. La población enfrenta no solo apagones interminables, sino también una economía paralizada debido a la interrupción de la producción y el comercio.
Cocinar con carbón impacta negativamente el nivel de vida de las familias cubanas al aumentar los costos y dificultar las tareas diarias. El precio elevado del carbón y las hornillas representa un gasto significativo para hogares con ingresos bajos. Además, cocinar con carbón requiere más tiempo y esfuerzo, desde encender el fuego hasta limpiar las cenizas, lo que complica la rutina diaria. Las condiciones del hogar también se deterioran debido al humo y hollín, que ensucian los espacios y afectan la comodidad de las familias.
Los riesgos asociados incluyen problemas graves de salud, como intoxicación por monóxido de carbono, enfermedades respiratorias y daños oculares debido al humo constante. También existen peligros de seguridad, como incendios, quemaduras y explosiones, especialmente en entornos inadecuados o poco ventilados. Estos peligros son mayores para niños y adultos mayores.
Además, el uso de carbón contribuye a la deforestación y la contaminación ambiental, agravando el impacto a largo plazo en la calidad de vida de las familias y el entorno.
Díaz-Canel prometió hace seis meses que los apagones de 20 horas se iban a acabar
En mayo pasado, el presidente designado por Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, prometió que los apagones de hasta 20 horas diarias eran una “situación temporal”. Durante una visita al municipio Amancio Rodríguez en Las Tunas, aseguró que la crisis energética mejoraría, justificando el caos con un déficit de combustible, averías imprevistas y mantenimientos en termoeléctricas.
Sin embargo, esta promesa sigue sin cumplirse, reflejando un patrón de falsas expectativas similar al discurso de Fidel Castro durante el Período Especial. Actualmente, la crisis afecta cerca de la mitad del consumo eléctrico nacional, con ocho unidades térmicas fuera de servicio y una grave escasez de combustible.
Para Díaz-Canel, más que resolver el problema, su enfoque está en “explicar” la situación para evitar el descontento social, perpetuando una política de promesas incumplidas y sacrificios interminables para los cubanos.

