Los derechos humanos en Cuba están marcados por restricciones significativas a las libertades fundamentales, como la libertad de expresión, reunión y prensa.
El gobierno mantiene un control estricto sobre la sociedad, limitando el activismo y la disidencia. Los opositores políticos, periodistas independientes y defensores de derechos son frecuentemente perseguidos, detenidos o censurados.
A pesar de la firma de tratados internacionales, las garantías legales en la isla no se cumplen plenamente. La falta de pluralidad política y de mecanismos independientes dificulta la protección de estos derechos, generando constantes denuncias de organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos.