
Rodrigo Paz asumió este sábado la Presidencia de Bolivia en La Paz, tras imponerse en el balotaje del 19 de octubre, con la promesa de reconstruir un país en crisis y abrir un nuevo ciclo político después de dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS).
Ante la Asamblea Legislativa Plurinacional, el nuevo mandatario denunció que recibe “un país devastado”, con las reservas internacionales más bajas en 30 años, inflación, escasez, endeudamiento y un Estado “paralizado”.
Asimismo, acusó directamente a sus antecesores, Evo Morales y Luis Arce, de haber dilapidado la bonanza económica. “¿Qué carajo hicieron con la bonanza?”, lanzó, en uno de los pasajes más duros de su intervención.
El nuevo presidente llamó a la unidad nacional y pidió dejar de lado las trincheras ideológicas para encarar reformas económicas y políticas graduales pero firmes.
“Bolivia decidió despertar y lo hizo de pie, con el arma más poderosa que existe: el voto y la democracia”, afirmó, al presentar su llegada al poder como un mandato contra el estancamiento.
En materia económica, reiteró los ejes de su plan de gobierno: descentralizar recursos públicos, otorgar créditos accesibles para impulsar la producción, reformar el sistema tributario y desmontar trabas burocráticas que frenan la inversión.
Paz también Subrayó que el objetivo de su administración será dinamizar tanto a los sectores productivos formales como a la amplia economía informal, que concentra cerca del 80% de la fuerza laboral.
La ceremonia de investidura reunió a los presidentes de Argentina, Javier Milei; Chile, Gabriel Boric; Paraguay, Santiago Peña; Uruguay, Yamandú Orsi; Ecuador, Daniel Noboa; además de una delegación de Estados Unidos encabezada por el subsecretario del Departamento de Estado, Christopher Landau.
El nuevo presidente no envió invitaciones a los presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel; Venezuela, Nicolás Maduro; y Nicaragua, Daniel Ortega, por ser responsables de gobiernos autoritarios y responsables de violaciones a los derechos humanos.
“Nunca más una Bolivia aislada del mundo”, declaró el mandatario, al anunciar su voluntad de restablecer relaciones con EEUU y recomponer vínculos con Chile, tras años de distanciamiento y una agenda exterior apegada al discurso “antiimperialista”.
Paz, de 58 años, economista e hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, llega al poder tras una trayectoria como diputado, concejal, alcalde y senador. Su victoria fue inicialmente inesperada: los sondeos lo ubicaban lejos de la segunda vuelta, que terminó ganando con el 54% de los votos frente al expresidente Jorge Quiroga.
Durante la campaña, el nuevo mandatario conectó con trabajadores informales y con una nueva burguesía urbana de origen indígena surgida en los años de bonanza, a quienes prometió “capitalismo para todos” y estabilidad sin saltos al vacío. Sus propuestas moderadas y su discurso contra la corrupción sedujeron a sectores cansados de la confrontación.
Aunque prometió no acudir a nuevos créditos internacionales hasta “ordenar la casa”, como presidente electo viajó a Estados Unidos, se reunió con el FMI, el BID, el Banco Mundial y la CAF, con la que consiguió financiamiento. Ese giro alivió dudas del empresariado y de actores externos, que ahora esperan señales rápidas de gestión.
Paz inicia su mandato con déficit fiscal, inflación, recesión, escasez de dólares y combustible, y reservas en mínimos históricos. Con un Parlamento fragmentado, el éxito de su agenda dependerá de su capacidad de tejer acuerdos.
“Estamos de pie, firmes por la patria y decididos a reconstruirla. Vamos a salir de esta”, prometió, al pedir un “acuerdo nacional del Bicentenario” que será puesto a prueba desde hoy.

