
Con el respaldo de 57 de 60 diputados presentes en la sesión, la Asamblea Legislativa de El Salvador aprobó una reforma constitucional histórica que habilita la reelección indefinida del presidente de la República.
La modificación fue promovida por el partido oficialista Nuevas Ideas (NI), liderado por el presidente Nayib Bukele. Además, también se aprobó la extensión del mandato presidencial de cinco a seis años.
Con estos cambios en los artículos 75, 80, 133, 152 y 154, se elimina la restricción que impedía la reelección inmediata del presidente y además la obligatoriedad de realizarse una segunda vuelta electoral a falta de mayoría absoluta en el resultado.
Hemos concluido el proceso de reforma constitucional. Para ratificar los cambios, se requería el voto de al menos 45 legisladores.
En la plenaria 67, con 57 votos, es decir más de los necesarios, ratificamos:
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— Ernesto Castro (@ECastroES) August 1, 2025
La diputada Ana Figueroa, del NI, defendió la reforma como una medida que busca “darle el poder total al pueblo salvadoreño”. Asimismo, argumentó que la reelección ha sido una práctica histórica en la nación centroamericana para diversos cargos electos, como alcaldes y diputados.
La reforma también ha generado una fuerte oposición. Los partidos Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y Vamos se opusieron a la iniciativa, acusando al oficialismo de violar la Constitución y de socavar la democracia.
Marcela Villatoro, diputada de ARENA, expresó su rechazo en términos contundentes: “Hoy ha muerto la democracia en El Salvador”, añadió que la reforma fue aprobada de forma “burda y cínica” y sin consulta popular.
La reforma aún debe ser ratificada en una próxima legislatura para entrar en vigor. Con una amplia mayoría de diputados afines a Bukele, se espera que la ratificación sea un trámite rápido.
La medida es parte de un proceso de concentración de poder iniciado por el actual presidente salvadoreño desde su llegada al poder en 2019, que ha incluido reformas judiciales y electorales que modifican el equilibrio de las instituciones.
El presidente Bukele, quien ha sido criticado por organizaciones de derechos humanos y observadores internacionales, ha defendido las reformas como necesarias para el bienestar del país.
En declaraciones recientes, se mostró indiferente ante las acusaciones de dictadura, afirmando que términos como “democracia” y “derechos humanos” son solo usados para mantener a la gente sometida.
El actual mandatario goza de una estable popularidad en su país gracias a las estrictas medidas emprendidas para reducir la delincuencia. El Salvador era una nación conocida por el amplio poder de las pandillas como Mara Salvatrucha (MS-13) y la Pandilla 18 (Barrio 18).
Bukele puso en marcha operativos de arrestos masivos de pandilleros para encerrarlos en una cárcel de máxima seguridad conocida como Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot). La mayoría de los detenidos actualmente cumplen sentencias de decenas de años de cárcel por ser culpables de homicidios y otros delitos violentos.
El líder centroamericano también se ha convertido en un aliado del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la región. Actualmente, Washington y San Salvador tienen un acuerdo para que migrantes con antecedentes delictivos detenidos en territorio estadounidense sean trasladados al Cecot mientras se cumplen el proceso de deportación a su nación de origen o “tercer país”.

