
El gobierno cubano ha destinado más de dos mil millones de dólares en la construcción de hoteles de lujo en los últimos años, lo que equivale a la inversión necesaria para construir al menos ocho plantas termoeléctricas capaces de aliviar la crisis energética. Esta situación ha sido denunciada por economistas y analistas, quienes consideran que la prioridad debería ser la estabilización del suministro eléctrico en lugar del desarrollo de infraestructuras turísticas que por demás se mantiene con bajísimos niveles de ocupación.
De acuerdo con el economista Pedro Monreal, desde 2018, año en que entró la administración de Miguel Díaz-Canel, se ha priorizado la construcción de hoteles de lujo, como el hotel Kempinski en La Habana, valorado en más de $500 millones, y la renovación de otros complejos turísticos en Varadero y Cayo Guillermo.
Sin embargo, especialistas señalan que con ese dinero se podrían haber construido termoeléctricas de 200 MW por un costo aproximado de $260 millones cada una, lo cual habría mejorado significativamente la infraestructura energética del país.
Las dificultades para mejorar la infraestructura energética en Cuba se remontan a décadas atrás. Por ejemplo, entre 2006 y 2019, Rusia aprobó un financiamiento de $1.200 millones para proyectos energéticos que nunca llegaron a concretarse debido a la incapacidad del gobierno cubano para reunir el 10% necesario para liberar el préstamo e iniciar con la construcción que iba a estar a cargo de ingenieros rusos.
Paralelamente, las costosas patanas que se utilizan para la generación eléctrica en la actualidad son vistas por expertos como un gasto ineficiente, ya que implican el pago de alquiler y suministros adicionales en una infraestructura de la que el país no es dueño. Monreal ha criticado los contratos de alquiler de las patanas, indicando que son un gasto insostenible. Según él, la renta y los costos de mantenimiento superan ampliamente los beneficios que estas infraestructuras proporcionan.
En 2022, Díaz-Canel prometió que la crisis de los apagones se resolvería para diciembre de 2023, con inversiones destinadas a la recuperación de las capacidades de generación térmica y distribuida. Sin embargo, los resultados han sido insuficientes, y los cortes de electricidad continúan afectando a la mayoría del país, con La Habana como una de las pocas excepciones.
La Torre K23, conocida popularmente como la “Torre López-Calleja”, es otro ejemplo del gasto excesivo. Con una inversión estimada en $400 millones, la construcción de esta torre de 42 pisos ha suscitado polémica no solo por su costo elevado, sino también por la falta de transparencia respecto a los fondos invertidos. A pesar de ser la estructura más alta de la ciudad, muchos cuestionan su utilidad en un momento en que el país necesita más inversión en servicios esenciales.
Especialistas en energía sugieren que la construcción de plantas termoeléctricas sería una solución más eficiente y económica para mejorar la capacidad de generación eléctrica en Cuba. En regiones como el Caribe, la mano de obra es más barata, lo que podría reducir aún más el costo de estas infraestructuras.
Si bien la ineptitud de Díaz-Canel es manifiesta, lo cierto es que él es solo una figura decorativa de la cúpula militar, que es la que tiene el verdadero poder en Cuba. Todos los hoteles que se han construido en los últimos años están bajo el control de Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), el conglomerado de los militares cubanos que tal y como dijo la ex Contralora General de la República, Gladys Bejerano, no son auditables y hacen lo que se le antoja al dominar casi el 70% de la economía cubana.

