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Las dos Cuba ante el 11 de julio

En conmemoración de esta fecha histórica, vale recordar que el destino de un país corresponde solo al que lo habita
Protestas en Cuba 11 de Julio
Más de 1.000 ciudadanos fueron detenidos en prácticamente todas localidades del país. (Captura de pantalla © DW Español – YouTube)

La Cuba actual se divide en dos, se siente como dos, se vive como dos, tras el 11 de julio, una fecha que marcó un cambio y que, por más que lo niegue el régimen, los aterroriza.

Después de los sucesos del 11J, cada año, a medida que el séptimo mes del año se aproxima, el ambiente se tensa. Una tensión que no solo implica el fuerte despliegue policial o los dispositivos de la seguridad del Estado movilizados para vigilar cada cuadra o persona “conflictiva” para los intereses de la dictadura.

La agitación, o más que eso, el miedo, se percibe a cada paso en los rostros alargados, las miradas perdidas, en todas las edades de cubanos.

En la división provocada y convocada por la presidencia se encuentran en un bando los opresores, esos que no han dudado en “camuflarse” en parques y avenidas para solicitar identificaciones o simplemente preguntar ¿qué hace por aquí?, así como dueños de la gente y de un país.

Esos represores son conscientes de que con su simple presencia infunde el temor necesario para mantener las cabezas gachas, para no permitir un ápice de discrepancia entre la manada de ovejas en la que se ha convertido la nación.

El opresor, que lo mismo ha resultado un empleado de oficina que un oficial con grados, hace trinchera en los centros de trabajo con palos y piedras y en unidades policiales. Listo para enfrentar a sus hermanos, justo como hicieron en 2021 convocados por Miguel Díaz-Canel.

Protestas en Cuba el 11 de Julio
Miles de ciudadanos cubanos salieron a las calles con el propósito de manifestar su descontento. (Captura de pantalla © DW Español – YouTube)

Por otro lado, el oprimido, con tantas carencias y miseria como su contraparte, siente latir en su pecho la necesidad de promover un cambio definitivo, pero también teme, instinto puro de supervivencia.

No se trata de ser valiente o políticamente opuesto al comunismo, se trata de haber agotado hasta la última reserva de paciencia con la repetida consigna “resistiremos”.

El cubano de a pie no quiere “muelas” o a un presidente de circo que se empeña en el show de hacerse el pelotero o el campesino que empuña el azadón, mientras luce más limpio que su propia conciencia.

Tampoco le importa que la esposa del presidente, como loca desenfrenada en su cuenta de Twitter, lo mismo haga un tuit burlándose de las necesidades del pueblo o que, en pleno ejercicio de “la chancleta revolucionaria”, diga que es el dictador de su corazón.

Más que nunca, urge un cambio que remueva los cimientos y derrumbe el gobierno, pero más que eso que se derrumbe la mentalidad de tanta gente estancada en su ciclo de miseria y apatía.

¿Qué pasará el 11 de julio en Cuba?

Aunque pueda parecer pesimista, los aires que soplan en estos momentos no se encaminan al cambio real que tanto anhela un gran por ciento del pueblo cubano. Si bien la llama está prendida, persiste el temor colectivo, ese bichito inoculado de manera premeditada y maquiavélica por el régimen desde su mismo surgimiento hace más de seis décadas.

Por más hambre, miseria y carencias generales que tengamos, se prefiere aguantar con los dientes apretados a salir del inmovilismo que nos distingue como pueblo.

Nadie “de afuera” vendrá a cambiar la realidad cubana, dolorosa y gris, por más panfletos que digan lo contrario, o aunque internacionalmente se realice la máxima presión por parte del exilio y frente a los organismos internacionales.

El destino de un país corresponde solo al que lo habita.

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