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Cubanos y haitianos avivan nueva crisis migratoria en Panamá

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Cubanos y haitianos avivan nueva crisis migratoria en Panamá

Las autoridades migratorias admitieron que no estaban preparados para la entrada masiva de migrantes que ha tenido lugar en 2019

Panamá enfrenta una nueva crisis migratoria

Nueva crisis migratoria en países como Panamá. (SEMANA)

Los organismos de regulación migratoria de Panamá, en colaboración con la Policía fronteriza, batallan para poder atender la más reciente oleada de migrantes que ingresan al país; muchos de ellos atraviesan el “Tapón” del Darién, en extremo peligroso al tratarse de una zona de la selva sin carreteras, autoridades o civilización.

Esta es la mayor crisis migratoria que ha sufrido el país, comparable con la crisis del 2015 – 2016, cuando se registró la llegada de 60.000 migrantes, en su mayoría de Cuba y Haití, lo que provocó el cierre temporal de las fronteras de Panamá, Costa Rica y Nicaragua.

De acuerdo al Servicio Nacional de Fronteras de Panamá (Senafront), en lo que va del año, aproximadamente, 7.316 migrantes han cruzado las fronteras nacionales, a su paso en dirección a Estados Unidos y Canadá. Usualmente, el mayor flujo de migrantes se presenta durante la temporada seca (de diciembre a abril), pero de mantenerse el ritmo actual se superaría las cifras registradas en 2018, cuando llegaron alrededor de 9.678 personas.

Se trata, mayormente de personas originarias de Haití y Cuba, y algunos países del continente africano como Camerún y la República Democrática del Congo, y de regiones del sur de Asia como India, Bangladesh y Sri Lanka. Los migrantes aseguran estar huyendo de la pobreza, la discriminación, los conflictos políticos, la guerra y la violencia.

“Lo que está sucediendo en la frontera colombo-panameña es un reflejo de lo que está pasando a nivel internacional […] Es una búsqueda de esperanza, de oportunidades, de bienestar, del mínimo vital que no está pudiendo ser cumplido en el Estado de procedencia”, explicó la investigadora en derechos humanos y asuntos migratorios de la Universidad Católica de Colombia, Johanna Fernanda Navas.

En el caso de los cubanos, estos inician su viaje en el Ecuador, desde donde toman las rutas más rápidas de Panamá o Nicaragua, para continuar su camino a Estados Unidos.

Los haitianos por su parte, comenzaron a llegar a Sudamérica después del terremoto del 2010, e incrementaron el flujo migratorio cuando las ofertas de trabajo en su trabajo se redujeron drásticamente. En 2016, gran parte de los migrantes haitianos llegaron a Brasil para la construcción de las nuevas infraestructuras deportivas para las Olimpiadas de ese año, y unos años antes, para el Mundial de Futbol de 2014. Otros empezaron a llegar a Chile cuando estaba en el poder la presidenta, Michelle Bachelett (2014 – 2018), pero tuvieron que dejar al país con llega a la presidencia de Sebastián Piñera, quien fortaleció los controles migratorios.

En cambio, los migrantes de África y Asia, suelen llegar a Brasil por barco y avión, cruzan el Amazonas hacia Perú, para luego trasladarse a Ecuador y/o Colombia, donde buscan contrabandistas que los guíen por la Jungla del Darién, quienes llegan a abandonarlos en esas zonas.

“Nuestra selva es una selva mala, la selva más grande después de la selva del Brasil, una de las selvas más peligrosas […] Es bastante peligrosa esa travesía, con personas inescrupulosas, coyotes, los guían por esta selva y los abandonan a su suerte”, dijo el comisionado José Samaniego, jefe de la Primera Brigada Oriental del Senafront en Metetí, Darién

Son comunes los casos de asaltos y agresiones sexuales por las bandas colombianas y panameñas, tanto hacía los migrantes como a las “mulas” usadas por los narcotraficantes, quienes recorren las mismas rutas que los migrantes.

“La parte de la jungla era tan terrible que era la supervivencia del más apto. ¿Entiendes? […]Cuando llegamos a Bajo Chiquito no era cuento; tan terrible que era: no había atención médica, la gente que salía de la selva, del bosque, tenía heridas, tenía muchos moretones en el cuerpo, la gente se quejaba de dolor. No había agua ni nada”, ese es el testimonio de Afolabi Ojo, originario de Nigeria, cuya familia fue asesinada por el grupo extremista Boko Haram.

A estos, se suman los peligros propios de la selva. En Darién, el nivel del agua de los ríos puede subir de manera inesperada; tanto solo en las últimas semanas, al menos diez migrantes murieron intentado cruzarlos.

Autoridades de la oficina panameña de la Organización Internacional para las Migraciones aseguran que al salir de la selva, los migrantes se encuentran, “en muy mal estado, con cuadros de deshidratación, enfermedades de piel, respiratorias o gastrointestinales, incluidos bebés, niños pequeños, mujeres solas, mujeres embarazadas y, en algunas casos, adultos mayores”.

Según lo informado por el Senafront, las enfermedades más comunes son la diarrea, vómitos, inflamación de la piel, hongo en los pies y deshidratación.

Cuando salen de la selva, se dirigen a las aldeas de Chiquito o Canaan Membrillo, desde donde inician el trayecto a Peñitas, un pequeño pueblo indígena con menos de 200 habitantes, quienes no poseen servicios de agua potable, cobertura celular, clínica médica o transporte regular.

Se estima que en la región, el campamento de migrantes de Peñitas, ha dado albergue a más de 1.500 migrantes, aunque solo tiene capacidad para 100, y donde hasta hace algunos meses, se albergaba a unos 80 o 90 al día.

En Peñitas, los funcionarios dan vacunas contra el sarampión, el tétanos y la rubéola para los migrantes, además verifican sus antecedentes antes de transportarlos al oeste.

La OIM de Panamá aseguró que ha estado trabajando con las autoridades migratorias y la policía fronteriza para mejorar la administración del campamento, además han establecido canales de comunicación con otras instancias de las Naciones Unidas para que puedan proporcionar camas, colchones, mosquiteros y otros artículos necesarios.

Al respecto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en Panamá,  visitó el campamento a principios de mayo para dar asesorías a los migrantes sobre el proceso de solicitud de asilo y otros mecanismos de protección internacional. Muchos de ellos esperan poder llegar a los Estados Unidos pero algunos solicitaron refugio en Panamá.

Samaniego, ha reconocido que el gobierno no estaba preparado para aumento del flujo migratorio de este año, debido a la ciudad drástica que hubo después de la crisis de 2015 – 2016. En consecuencia, se tuvieron que cerrar varios campamentos, lo que convirtió a Peñitas en el único que aún está en funcionamiento, pero se está trabajando en la rehabilitación de otro refugio en Lajas Blancas, donde los migrantes estarían en mejores condiciones.

Con información de Radio Televisión Martí

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1 Comentario

1 Comment

  1. Avatar

    Dude

    16 mayo, 2019 at 7:18 pm

    eso es muy hipócrita de Panamá y otros países centroamericanos para ayudarlos a los inmigrantes ilegales a cruzar a Estados Unidos. debe mantenerlos allí para que puedan cargar a su gobierno y a sus contribuyentes

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