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PERIÓDICO CUBANO

Romeo el sapo más solo del mundo busca a su Julieta

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Romeo el sapo más solo del mundo busca a su Julieta

Romeo el sapo más solo del mundo busca a su Julieta, en peligro de extinción

                                                                                      Romeo, el sapo más solo del mundo (CUBASI)

Este simpático Romeo tiene apoyos hasta por internet para encontrarle una Julieta, tan romántico nombre y encontrarse catalogado como el sapo más solo del mundo, tras diez años de soltería; se le busca novia con quien perpetuar su especie a punto de desaparecer en el planeta Tierra.

Pero el particular caso de este Romeo, el sapo más solo del mundo. Científicamente se trata probablemente del último ejemplar de su especie: Telmatobius yuracare, conocidas como ranas acuáticas de Sehuencas.

Es una especie endémica de Bolivia, que solo habitaba en localidades de Cochabamba como Sehuencas, Jatun Potrero y la Siberia; y en Karhuasi, en Santa Cruz.

Fue en 2009 cuando el herpetólogo boliviano encontró a Romeo, que así le han nombrado, entreteniéndose como podía bajo las piedras de un riachuelo en Siberia, Cochabamba.

Desde entonces, Romeo vive aislado en un acuario, en el Centro K´ayra del boliviano Museo de Historia Natural Alcide d’Orbigny.

Ha sido por protección de la especie, en los 90 del pasado siglo era cotidiano ver a estas especies chapoteando en ríos, lagos y quebradas mientras que sus hijos renacuajos coleteaban en los fondos o estanques de los bosques nublados bolivianos.

Eran tan abundantes que los científicos les pasaban por al lado como si nada. Pero ya para 2008 ingresaban en el llamado Libro Rojo de la Fauna Silvestre de Vertebrados de Bolivia bajo la categoría de en peligro de extinción.

Fue también entonces cuando la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza le colgó a la especie el cartel de “Vulnerable”.

Y tan vulnerable se volvió, que hoy parece quedar Romeo y un exiguo grupito regado por las lejanías bolivianas luchando por sobrevivir.

Lo que paso fue que los pesticidas usados en la agricultura, la pesca y el turismo fueron destruyendo el hábitat de esta especie, cuyo enemigo mayor, sin embargo, es el hongo quítrido, responsable ya de la extinciones de algunos otros anfibios en el mundo.

Al año de estar en cautiverio, Romeo empezó a emitir llamados de apareamiento, una especie de SOS tratando de encontrar pareja. Los biólogos que le estudiaban aseguraron que era “especialmente musical“.

No importaba que lo alimentaran cariñosa y puntualmente con caracoles, gusanos de tierra e isópodos (crustáceos), ni que el agua se la mantuvieran -a una temperatura más baja de lo habitual semejando su entorno natural-, y tampoco que lo pusieran a coger algo de sol, lo pesaran y midieran.

Sin embargo, su sonido de amor no callaba. Y al ver tanta perseverancia, los científicos cayeron en la cuenta de que si el mar no venía a la montaña, la montaña debía coger la mochila y partir a su encuentro. Decidieron salir en busca de Julieta.

Valía la pena tirarle un cabo a Romeo. No solo por él, sino por salvar a toda su especie. Y era urgente. Le quedaban unos cinco años de vida de acuerdo con la longevidad de ese tipo de anfibios.

“El tiempo se está acabando para encontrarle una pareja a Romeo”, alertaba en febrero del año pasado Arturo Muñoz, director y fundador de la Iniciativa Anfibios de Bolivia, del Museo de Historia Natural de Cochabamba.

Hasta en un sitio digital de citas en línea le hicieron un perfil buscando apoyo financiero: “En cuanto a quién estoy buscando, no soy exigente. Solo necesito otra Sehuencas como yo. De lo contrario, toda mi existencia tal cual como la conocemos ha terminado (no es gran cosa). Entonces, si estás dispuesto a ayudar a un viejo Romeo a encontrar a su única Julieta, ¡dona para mi causa para que podamos salir y comenzar la búsqueda de mi única y verdadera unión!”.

El llamado encontró oídos receptivos y junto al apoyo de entidades conservacionistas lo recaudado permitió organizar varias expediciones científicas adonde suponían podría encontrarse.

Por meses, las expediciones científicas chapotearon entre fríos lagos y ríos, y se enfangaron recorriendo paisajes inhóspitos. Pero, finalmente, tanto trabajo valió la pena.

En vez de una, encontraron cinco ranas acuáticas de Sehuenca, tres machos y dos hembras, en un bosque nublado boliviano.

De las dos candidatas le han destinado la más vital. “Es muy enérgica, nada y come mucho, y a veces intenta escaparse”, la describe Teresa Camacho Badani, bióloga del Museo de Historia Natural en Cochabamba y líder de la expedición que encontró las ranas.

El quinteto de ranitas se encuentra ahora mismo en cuarentena para prevenir en ellas una enfermedad infecciosa que puede causarles el hongo ya mencionado.

Cuando los cuarenta días de cuidados concluyan, llegará por fin a término la obligatoria soltería de Romeo y estará por ver si logran salvar a su especie de la extinción.

La bióloga Teresa Camacho Badani, que tan de cerca sigue el caso, ha subrayado su trascendencia en tanto encierra en círculo rojo la situación grave que viven otros anfibios y muchos otros seres vivos. “Es una gran oportunidad –dijo- para entender esas amenazas y para aprovechar la fama de Romeo con el fin de ayudar a otras especies”, recogió BBC Mundo.

 Con información de Cuba Sí

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