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PERIÓDICO CUBANO

Titina, la mujer que montaba bicicleta y causó furor en La Habana

Historia de Cuba

Titina, la mujer que montaba bicicleta y causó furor en La Habana

Tanto Titina como las matanceras fueron foco de burlas, recibieron insultos de hombres egoístas y mujeres reprimidas con un pensamiento retrógrado

 

Titina, la mujer que montaba bicicleta y causó furor en La Habana

Titina, la mujer que montaba bicicleta y causó furor en La Habana (Foto de referencia: Periódico Cubano)

Históricamente, han proliferado las diferencias entre lo que está establecido “para hombres” y “para mujeres”. Esto se aplica en casi todos los ámbitos de la vida: trabajos, esfuerzos físicos, prendas de ropa, actitudes, hábitos, relaciones de pareja… Parece como si existiera un código no escrito de lo “políticamente correcto” para uno u otro género.

Debido a lo anterior, cuando las primicias y novedades en torno a algún suceso las protagoniza un hombre, causa sensación, pero se asume como normal. Sin embargo, muchas féminas han estado en la mira pública e, incluso, acaparado portadas de medios de prensa por ser “la primera mujer” en realizar determinada acción que puede llegar a ser algo cotidiano.

Ese es el caso de Antonia Martínez, conocida como Titina. La nacida en Galicia, España, y asentada en La Habana, causó furor en las calles de la capital de Cuba al pasearse montada en una bicicleta.

Lo curioso es que este vehículo de dos ruedas, famoso en el mundo entero desde inicios del siglo XIX, fue introducido en Cuba por el comerciante español Claudio Graña, alrededor de 1880 y, según ha trascendido, para 1885 ya se habían creado los primeros clubes ciclísticos en las principales ciudades del país.

Es decir, que, para noviembre de 1894, cuando Titina salió a dar pedales por las calles habaneras, este medio de transporte era común, pero reservado exclusivamente a los hombres, quienes consideraban que no estaba apto para mujeres debido al físico de este.

Esta preocupación quedó manifiesta en el verso que coreaban cuando esta mujer paseaba. En aquella pegajosa canción aludía a cierta parte del cuerpo de Titina que podía ser dañada si tenía un accidente “al doblar la esquina, montando bicicleta”.

En su pequeño paseo, se dice, Titina escuchaba todo tipo de burlas, tuvo que soportar infinidad de groserías y los corillos de la canción que le dedicaran.

Si bien la española generó un verdadero espectáculo en las calles habaneras, no fue de las pioneras en esto, aunque sí la que más revuelo causó. Desde hacía un año atrás ya se había dado a conocer un grupo de mujeres matanceras que se dedicaban a esta actividad, haciendo suyo ese privilegio que la sociedad machista consideraba exclusivo.

De esa actitud de “mujeres empoderadas” quedó constancia en la revista Fígaro en 1893. La que fuera inaugurada bajo el subtítulo de “Semanario de Sports y de Literatura. Órgano de Base-ball”, tenía un contenido fundamentalmente deportivo, aunque la literatura marcaba terreno.

El privilegio que sí gozaron las matanceras, o al menos una de ellas, Julia Bosch, fue el de ser fotografiada mientras andaba pedaleando. Esto le permitió pasar a los anales de la historia como la primera mujer cubana a la cual se le tomaba una foto sobre uno de estos aparatos, relativamente nuevos en el país.

Tanto Titina como las matanceras fueron foco de burlas, recibieron insultos de hombres egoístas y mujeres reprimidas con un pensamiento retrógrado. Generaron admiración, sorpresa y envidia, típicos sentimientos en torno a lo nuevo y desconocido.

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