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PERIÓDICO CUBANO

El fracaso de la revolución energética de Fidel Castro

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El fracaso de la revolución energética de Fidel Castro

En la actualidad, hay más 339 grupos electrógenos paralizados por falta de piezas de repuestos

El fracaso de la revolución energética de Fidel Castro

A pesar de la evidencia, los directivos de la UNE insisten en la estrategia fracasada de seguir invirtiendo de a poco en lugar de construir centrales más grandes, mismas que no se edifican desde hace más de 40 años. (Collage: Geysel-Facebook)

La llamada “Revolución Energética”, iniciada por Fidel Castro después del 2004, donde una gran avería en la central termoeléctrica (CTE) ‘Antonio Guiteras’ de Matanzas provocó varios meses de apagones, ha sido un total fracaso.

En aquel entonces, se optó por instalar grupos de generación distribuida a base de motores diésel y de fueloil​ (petróleo más pesado), en lugar de emprender importantes inversiones en plantas termoeléctricas de mayor envergadura.

Casi 20 años después, la situación se repite y es incluso peor. Las viejas CTE ya tienen dos décadas más de explotación que en 2004, y su tecnología obsoleta hace que continuamente estén en avería o necesiten mantenimiento más frecuente, lo cual las saca del sistema.

Lo mismo pasa con la generación distribuida. De acuerdo con declaraciones en la Mesa Redonda del director de Generación Distribuida de la UNE, Arles Luna Leiva, de los 944 motores para la generación, que provienen de las 154 baterías de grupos electrógenos en todo el país, están fuera de servicio 339 por falta de piezas de repuesto.

Otros 64 están detenidos en espera de un mantenimiento; mientras que 349 tienen vencido su tiempo límite de mantenimiento, y aunque siguen trabajando, no lo hace a total plenitud. Todo ello computa 712 motores con problemas, lo cual significa casi el 72%.

Si nos remitimos a la potencia instalada, la afectación llega a casi 1240 MW que no pueden ser utilizados a plenitud, tal y como sí sucedía en los inicios de la puesta en marcha de estos grupos de generación distribuida.

Es evidente que la estrategia fue un fracaso. Primero, porque este tipo de tecnología es más cara y requiere diésel y fueloil​ con ciertas características. En una termoeléctrica se puede generar con crudo más pesado.

En segundo lugar, su costo de mantenimiento también es mayor, pues no es lo mismo dar atención a una gran central termoeléctrica que a más de 900 motores instalados alrededor de todo el territorio nacional.

Además, la concepción de la estrategia de una generación distribuida es para uso en situaciones de emergencia, como el paso de huracanes u otros fenómenos, y también para apoyar en el horario pico. Sin embargo, ante el déficit comenzaron a emplearse las 24 horas del día.

Sobre el tema, el director de Generación Distribuida de la UNE subrayó que hasta el año 2016 se mantuvieron niveles de disponibilidad en las dos tecnologías acorde a los objetivos trazados (84% en diésel y 75% en fuel para el cierre de 2016). Pero a partir del 2017, la técnica comenzó a sentirse el estrés por el uso continuado del servicio.

A pesar de la evidencia, los directivos de la UNE insisten en la estrategia fracasada de seguir invirtiendo de a poco en lugar de construir centrales más grandes, mismas que no se edifican desde hace más de 40 años.

Según Luna Leiva, existe un programa de reposición de grupos, el cual abarca a los que han llegado a su vida útil, otros que han tenido averías graves o los que tienen obsolescencia tecnológica. Sin embargo, ni para eso hay dinero.

“El programa no se ha podido cumplimentar totalmente porque no se ha contado con los recursos necesarios para su ejecución”, dijo al referirse a otros de los esquemas con los que cuenta la UNE para la recuperación de la potencia en el sistema.

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