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PERIÓDICO CUBANO

Escasez de gas licuado en Holguín provoca tensión y agresiones en las colas de espera

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Escasez de gas licuado en Holguín provoca tensión y agresiones en las colas de espera

Hay personas que aseguran estar esperando desde hace días, pero no ven que la cola disminuya

Escasez de gas licuado en Holguín provoca tensión y agresiones en las filas de espera (FERNANDO DONATE OCHOA/CUBANET).

Tras la decisión del gobierno de aumentar aún más las regulaciones a la venta y distribución de gas licuado en Cuba, el recurso se ha convertido en un codiciado bien para los habitantes de la Isla.

En la provincia de Holguín, centenares esperan con sus balitas (bombonas), frente a los 14 puntos de venta existentes, donde los vecinos aguardan más de cuatro días en cola.

Eusebio Reyes, un jubilado que espera por su turno en el Punto de Venta número tres, en el Reparto Peralta, indicó que lleva días esperando recargar su “balita” y aun así hay casi 100 personas delante suyo en la fila, detalló CubaNet.

El holguinero explicó que ni siquiera los trabajadores de los puntos saben cuándo podrán rellenar las bombonas, por lo que la cola sigue aumentando.

Los cubanos ya padecían de por sí la falta de transporte, gasolina, vivienda, papel sanitario, harina, pescado y otros alimentos de primera necesidad, desde que inició la crisis de combustible el año pasado.

Ahora el recrudecimiento de la falta del gas licuado en los hogares, aumenta la desesperación de los cubanos, que no pueden cocinar a gas.

“A partir de los hogares de dos personas, los ciclos de venta racionada del producto se extenderán en lo adelante a un cilindro cada 35 días; los de tres y cuatro personas, cada 32 días; los de cinco personas, una vez al mes; y así sucesivamente”, informó la estatal Unión Cuba-Petróleo (CUPET).

La situación ha generado además disputas y agresiones en los Puntos de Venta, donde la gente pelea entre sí ante la desesperación por la falta del recurso y la larga espera.

“Se pasa la lista y el que no responda queda automáticamente eliminado. Entonces los de atrás bajamos a un número inferior en dependencia de las ausencias”, comentó Orlando, quien espera no sufrir tantos días “esta tortura”.

A pesar del control, se desatan violentos altercados cuando alguien intenta violar el orden de la cola.

María Laura, una cubana que aguarda en la fila para llenar su balita, afirma que ha tenido que intervenir muchas veces para evitar que los presentes se hagan daño.

“En dos ocasiones hemos  intercedido para que las discusiones no terminaran en agresiones físicas”, contó al citado medio.

Mientras esto ocurre, algunos cubanos aprovechan esta situación para hacer “algo de dinero” cobrando entre 10 y 30 pesos por día para “guardar puesto” o hacer cola.

“Cuidar las balitas de gas varias noches en vela es un esfuerzo que se realiza en una vigilia nocturna empeorada por el descenso inusitado de la temperatura en la madrugada hasta los diez grados centígrados”.

Para evitar el robo o el riesgo de perder el turno, los clientes han amarrado, encadenado y numerado las balitas, cuyo dígito cada día sobrepasa los 200.

Carlos, un trabajador que no puede darse el lujo de pagar un cuidador, afirma que el pueblo de Cuba ya está “acostumbrado a hacer cola” por lo que debe llegar temprano para ver si tiene un “poco de suerte”.

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