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PERIÓDICO CUBANO

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“No somos felices aquí”, asegura un sacerdote cubano

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“No somos felices aquí”, asegura un sacerdote cubano

“Es un pueblo que se debate entre un ‘¡Basta ya!’ que le rompe el pecho y una autocensura tan inexplicable como cierta”

Régimen culpa al pueblo por la situación epidemiológica en Yaguajay, Sancti Spíritus

La escasez de alimentos, medicinas y productos de primera necesidad, unido a los apagones, han sumido al país en un desespero colectivo.  (Imagen ilustrativa: Captura de pantalla de Centrovisión-YouTube)

Alberto Reyes, sacerdote cubano, ha hecho una denuncia pública en su perfil de Facebook donde asegura que el país entero se encuentra sumido en una crisis no solo económica, sino también social, donde absolutamente nadie puede ni sabe cómo ser feliz.

El religioso utilizó sus redes sociales para publicar una extensa reflexión sobre la dura realidad de los antillanos, quienes, considera, son profundamente infelices debido a la pobreza y el dolor infligido por la dictadura.

Y es que, desde más de seis décadas, Cuba se mantiene sumida en la desesperanza ante la falta de un futuro próspero. Dicho sentimiento se ha afianzado con el pasar de los últimos años, mientras aumenta la represión y disminuyen las posibilidades de crecimiento.

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En el mensaje, el sacerdote expresa: “He estado pensando… que no somos felices aquí”, expresó al inicio de su discurso, dando un repaso de su vida en el catolicismo.

“Una de las cosas que siempre tendré que agradecer es haber crecido en una Iglesia ‘aterrizada’, que me habló de la vida eterna, pero que continuamente me recordaba que esta vida terrenal no era un simple ‘requisito’ de esa eternidad, que Dios amaba tanto la vida humana como la celestial, y que, aunque el sufrimiento era parte de la existencia, la vida se nos había dado para que fuéramos felices, para que buscáramos la mayor plenitud posible, para nosotros y para los demás”, indicó Reyes.

Así mismo, en sus declaraciones, el cubano habló sobre la crisis que afecta a sus compatriotas, la escasez de alimentos y medicinas, la situación sanitaria, y hasta aludió al poco descanso que tienen los ciudadanos ahora sometidos a duros apagones.

“No veo a mi pueblo feliz. Por el contrario, lo veo agobiado, arrojado a una existencia que es continuamente hostil. La lista de las luchas cotidianas es interminable: alimento, vestido, transporte, asistencia médica, economía personal, incluso el descanso. Las familias emigran, los amigos emigran, la vejez se vuelve insegura y precaria, los sueños caducan. Es un pueblo sin derecho a la comodidad, al disfrute, ni siquiera a la belleza…”, expresó el párroco.

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Del mismo modo, expuso que, si bien los ciudadanos anhelan la libertad, también existe el miedo a ser reprimidos, encarcelados, censurados.

“Es un pueblo que se debate cada vez más entre la búsqueda de la libertad y el miedo, entre un ‘¡Basta ya!’ que le rompe el pecho y una autocensura tan inexplicable como cierta”, refirió en su mensaje.

“No veo felices a los que nos sirven socialmente: ni a los de la empresa eléctrica, ni a los médicos, ni a la bodeguera… Hacen lo que pueden, sirven hasta donde pueden, pero ellos también tienen sus batallas y un pan que buscar para llevar a la mesa (…) No veo felices a los policías, ni a los de Seguridad del Estado. Los veo tensos, en perenne alerta, impacientes, agresivos”, aseveró.

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Sin dudas, una realidad que alcanza a todos, un país que lucha por sobrevivir, donde los viejos están cansados y los jóvenes quieren escapar. Una Isla a la que se le mueren los sueños y las ganas de vivir.

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