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Reconsideremos la actuación de Estrada Palma, nuestro primer presidente

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Reconsideremos la actuación de Estrada Palma, nuestro primer presidente

Cuando el gobierno de Soto colapsó bajo presión de los militares, Don Tomás regresó a Nueva York, instalándose en Central Valley, al norte de Manhattan. Allí dirigió una escuela privada donde los visitaba José Martí.

Foto tomada de es.panampost.com

El régimen cubano, auto titulado “revolucionario”, celebró 59 años avasallando al pueblo cubano el día primero del mes en curso (enero/2018); pero pocos recuerdan que un día antes, el 31 de diciembre de 2017, se conmemoraron 116 años de las primeras elecciones cubanas.  

Es costumbre en las naciones modernas honrar la memoria de sus primeros presidentes.  Sin embargo, desde 1959 el gobierno de los hermanos Fidel y Raúl Castro se ha dedicado a difamar hiperbólicamente la memoria del primer presidente cubano, don Tomás Estrada Palma, al punto de arruinar el monumento que existía en La Habana honrando su memoria.  Es de rigor en las dictaduras de todos los matices la ambición de re-escribir la historia.  Afortunadamente, la profesora Margarita García relata–con fines de corrección histórica–la trayectoria vivencial de Estrada Palma en su reciente libro: ANTES DE CUBA LIBRE: EL SURGIMIENTO DEL PRIMER PRESIDENTE CUBANO, TOMÁS ESTRADA PALMA (Madrid: Editorial Betania, 2016; también disponible in inglés).

Tomás Estrada Palma (Julio 9, 1835–Nov. 4, 1908) se incorporó en su nativa Bayamo a los mambises al estallar la que luego se llamó Guerra de los Diez Años (1868-1878), llegando a organizar el sistema de correos clandestinos y hasta asumir la presidencia de la República en Armas.  Capturado por los  españoles, fue encarcelado en Cataluña, y liberado gracias al armisticio del Zanjón (1878).  Después de breves estancias en París y Nueva York, se trasladó a Honduras, en donde su primo, el poeta José Palma, era asesor del presidente reformista-liberal Marco Soto.  Allí organizó los servicios hospitalarios, educacionales y de correo, y se casó con la hondureña Genoveva Guardiola (quien luego devino en la Primera Dama inicial de Cuba Libre).

Cuando el gobierno de Soto colapsó bajo presión de los militares, Don Tomás regresó a Nueva York, instalándose en Central Valley, al norte de Manhattan.  Allí dirigió una escuela privada donde los visitaba José Martí.  

 Para 1890 los exiliados independentistas se habían reorganizado bajo el liderazgo de Martí, quien en abril de 1895 se infiltró en Cuba para unirse a los insurrectos alzados desde febrero 24.  Al caer Martí en combate en mayo, Estrada Palma lo sucedió al frente del Partido Revolucionario Cubano.  Don Tomás lideró un portentoso cabildeo internacional pro independencia y coordinó la recaudación de fondos, así como la logística de provisiones para el Ejército Mambí (al que pertenecieron dos tíos abuelos míos).

En abril de 1898 los estadounidenses intervinieron militarmente en Cuba, encontrando un país terriblemente devastado.  La ocupación estadounidense (1898-1902) promovió el establecimiento de sistemas de educación y salud pública, y la construcción de una vasta infraestructura de acueductos, carreteras y hospitales; finalmente, convocó a elecciones  el 31 de diciembre de 1901.  Estrada Palma accedió, si reticentemente, a ser candidato presidencial apoyado por Máximo Gómez, ex jefe del Ejército Libertador.  Oponiéndosele, se presentó el General Bartolomé Masó (1830-1907), quien a última hora retiró su candidatura alegando fraude electoral premeditado.

Electo en ausencia, don Tomás regresó al país después de 25 años exiliado para su trascendental investidura el 20 de mayo.  Dada su experiencia personal, que lo había obligado a abandonar Honduras, el abrazo de Estrada Palma (el civilista) con su ex rival Masó (el militarista) parecía simbolizar el estreno de un estado predominantemente civilista.  Desafortunadamente, siguiendo el problemático patrón latinoamericano, los militares intervinieron repetidamente en la política durante la era republicana (1902-1958).

De hecho, el objetivo clave de la rebelión esencialmente política anti-batistiana (1952-1958) era el regenerar el civilismo plasmado en la Constitución de 1940 (ver L. de la Cuesta y R. Alum, eds., LAS CONSTITUCIONES CUBANAS; 1974).  Paradójicamente, la peor opción reina ahora: un gobierno despótico encabezado por una élite gerontocrática de “generales” de a dedo gritando consignas marxistas del Siglo XIX.

Mi especialidad académica no es la historia, sino la etnología, por lo que para mejor evaluar la obra de García, me sumergí en lecturas sobre la época.  Contrario a los argumentos del régimen y sus apologistas en el cómodo extranjero, y sin desestimar las contribuciones de Masó a la independencia, me enteré, entre otras cosas:

  1.  Tengo entendido que Masó había aceptado las condiciones del Zanjón inicialmente.
  2.  Aunque es cierto que Masó se opuso a la Enmienda Platt, no tuvo reparo en figurar en la nómina del Gobierno Interventor.
  3.  En un gesto conciliatorio, Estrada Palma le propuso a Masó la nominación a la vice-presidencia, pero este prefirió enfrentársele electoralmente.

   Entre el legado histórico de don Tomás, se encuentran:

  1. El limitar el número de bases navales, de las siete solicitadas por EE.UU. a la república naciente, a una sola: Guantánamo.
  2. El reconocimiento inicial de la soberanía cubana sobre Isla de Pinos, que ciertos intereses norteamericanos codiciaban.
  3. Bajo su gobierno no hubo persecución religiosa, censura, confiscaciones de propiedades, comités de vigilancia, prisioneros políticos, paredones, racionamiento, UMAP, exilio en masa, afro-cubanas apaleadas al salir de misa, ni balseros, y nadie fue tildado de “gusano” y/o “escoria”.  

La novedosa biografía de Estrada Palma por García concluye cronológicamente con su juramentación presidencial.  No obstante, admite que don Tomás violó su promesa de no reelegirse en 1906, lo que suscitó revueltas de opositores y la polémica Segunda Intervención Estadounidense (1906-1909).  Don Tomás falleció a los 73 años de edad en Santiago de Cuba, en cuyo cementerio fue enterrado.  Su honestidad legendaria y rectitud moral contrastan con la triste trayectoria del clan gobernante por seis décadas [ver www.antesdecubalibre.com].*

 

*Una versión más extensa de este escrito apareció en CUBANÁLISIS (08/01/2018), resumido expresamente para PERIÓDICO CUBANO por el autor (Investigador Asociado externo del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh.

 

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5 Comentarios

5 Comentarios

  1. lazaro domech

    1 febrero, 2018 at 10:16 am

    Camarada Fracisco: Yo lei el artculo y no pienso como usted, muy bueno y objetivo, lo que pasa que preobablemente va en contra de sus intereses e ideas de pensar, que dan a entender que son afines a ese sistema dinastico castrista que ha convertido a Cuba en un campo de concentracion

  2. Elina

    29 enero, 2018 at 10:49 pm

    ?Cual es la “verdad historica” del Sr. Francisco? ?En que se basa para dar esa opinion? No estoy ni a favor ni en contra de las dos opiniones. Pero seria interesante oir la version opuesta.

    Gracias.

  3. Francisco

    28 enero, 2018 at 2:45 am

    Que articulo mas malo. Da verguenza que el autor se autodenomine “investigador” Que falta de respeto a la verdad historica.

    • Roland Alum

      Roland Alum

      29 enero, 2018 at 5:13 pm

      Al lector Francisco: Gracias por leer mi pequeño articulo-reseña y por tomarte el trabajo de comentarlo. Debido al “racionamiento” del espacio [todo racionamiento es restrictivo…], no pude desarrollar más mis puntos sobre don Tomás Estrada Palma y el libro de Margarita.

      El propósito del escrito es meramente el de esbozar los contornos del tópico biográfico, cosa que estimamos se logra. Quizás puedas consultar la versión más extensa en CUBANáLISIS

      http://www.cubanalisis.com/ARTÍCULOS/PRIMERAS%20ELECCIONES%20LIBRES%20EN%20CUBA%20Y%20TOMÁS%20ESTRADA%20PALMA.htm

      Siempre doy bienvenida a toda crítica constructiva; así es como aprendemos.
      Si tuvieras la amabilidad de hacernos saber, según tu opinión difiriendo –que aun así respetamos— en qué se “falta…el respeto a la verdad histórica”, para así podernos corregir, o por el contrario, dialogar mejor.

      Saludos desde New Jersey. El autor, Prof. Rolando Alum Linera [New Jersey

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