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PERIÓDICO CUBANO

El caracol “más bello del mundo” habita en Cuba, desprotegido y en peligro de extinción

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El caracol “más bello del mundo” habita en Cuba, desprotegido y en peligro de extinción

Ambientalistas piensan que el gobierno podría estar involucrado en las redes de tráfico de conchas de esta especie a Europa, Asia y EEUU

Colección de conchas de Polymita en el Museo Bailey Matthews. (Jared Flickr).

El caracol Polimita (Polymita), o “caracol pintado”, es una especie endémica de Cuba, es decir, que únicamente se encuentra en la Isla, pero por su llamativo aspecto se encuentra en un grave peligro de extinción.

Este molusco terrestre es oriundo de los bosques de Baracoa, considerado un símbolo de la región, pero esto no ha servido para impedir su caza indiscriminada, tanto por comerciantes dedicados a su venta, como por pobladores que los atrapan para sí mismos.

A la amenaza humana que enfrentan debido a sus ostentosas conchas que parecen pintadas, se suma su falta de adaptabilidad, pues son sensibles a los cambios de temperatura, de salinidad y luminosidad, haciendo verdaderamente específico su hábitat.

Cuentan además con depredadores naturales, a los que se añaden las especies invasoras, en especial las ratas. El cambio climático y la deforestación, también los mantienen amenazados.

Cuba alberga la mayor diversidad de caracoles en todo el planeta, sin embargo, los colores y patrones complejos del caracol Polymita son únicos y han provocado que principalmente seis de sus especies se encuentren al borde de la extinción.

Los Polymita son una valiosa presa de vendedores que buscan traficar con sus conchas para venderlas, al menudeo entre los turistas, pero también al mayoreo mediante redes organizadas de tráfico a Europa, Asia y EEUU.

De acuerdo con un reportaje de National Geographic, conservacionistas buscan proteger a esta especie y educar a la población para que los valore y los cuide, pero el gobierno no había tomado medidas para facilitar esta labor.

Entre 2012 y 2016, el departamento de aduanas de Cuba realizó 15 incautaciones con un total de más de 23,000 conchas de caracoles pintados destinados a EEUU.

De acuerdo con Adrián González Guillén, experto en caracoles y fotógrafo radicado en Cuba, la prohibición de la CITES no ha detenido el comercio ilegal, principalmente a EEUU, España y varios países asiáticos.

González Guillén afirma que los funcionarios de aduanas son “muy eficaces” al impedir que los turistas saquen pequeñas cantidades de conchas del país, pero no así para detener los grandes cargamentos que siguen saliendo.

“El verdadero comercio ilegal destinado al mercado negro está vinculado a un equipo de personas bien organizado”, dice y no se descarta la participación del gobierno, debido al extremo control que mantiene en todos los sectores comerciales del país.

Hasta hace unos meses en Cuba no se consideraba siquiera la existencia de una ley de protección animal e incluso ahora, aunque en teoría ya fue aprobada su creación desde hace exactamente un mes, el 28 de febrero, sigue sin redactarse y publicarse en la Gaceta Oficial.

A pesar de esto, la compra-venta de esta especie está prohibida a nivel internacional desde el 2017, luego de que la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés), que regula el comercio global de especies silvestres, protegiera a la especie.

Dentro de Cuba, activistas buscan proteger a los caracoles pintados educando a los cubanos y los visitantes sobre la rareza y vulnerabilidad de estos animales.

“Por su aspecto llamativo… estos caracoles son considerados los más bellos del planeta”, indicó el fotógrafo Bruno D’Amicis, quien espera que al mostrar a estos moluscos vivos y en su hábitat natural, inspire a cubanos y turistas a respetarlos y protegerlos.

También están estudiando la biología de los caracoles para poder criarlos en cautividad y liberarlos en el medio natural, además de colaborar con agricultores del este de Cuba para alentarlos a que cuiden de los animales en sus tierras.

Conservacionistas creen que en el futuro se podrían organizar excursiones de observación de caracoles, lo que proporcionaría un incentivo económico para su conservación.

“Verán que vale más la pena protegerlos vivos que venderlos muertos”, afirmó Norvis Hernández, una bióloga que por más de 20 años ha estudiado a los caracoles pintados.

Claro que para este esfuerzo probablemente requerirán permiso de las autoridades, que no permiten que ninguna fuente de ingresos en la Isla sea para la población y no para el Estado.

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