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Habla la cubana que intentó suicidarse en la estación de Tapachula

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Habla la cubana que intentó suicidarse en la estación de Tapachula

Yaquelín Blanco vivió un calvario de tres semanas en dicho lugar

Jaquelín Blanco sigue en México pero aun puede ser deportada (PERIÓDICO CUBANO)

Yaquelín Blanco, la cubana que intentó suicidarse en un centro migratorio de Tapachula, en el estado mexicano de Chiapas, relató los momentos desafortunados que pasó en dicho lugar y la incertidumbre con la que vive ante el peligro de la deportación.

Entrevistada por el Diario de Cuba, la caribeña comentó que actualmente vive en una habitación y tiene un su poder un documento de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), el cual no será de mucha ayuda para evitar una deportación.

Para ella, el centro migratorio de Tapachula no tiene diferencia con una prisión y es un lugar donde a los recluidos les brindan una pésima alimentación y les niegan atención médica.

Blanco señala que estuvo ocho días tirada con fiebre porque la mordió una rata y nunca se le brindo atención médica, esto se sumó a una desesperación que la llevó a la idea de atentar contra su propia vida.

Su martirio empezó cuando ella y su esposo fueron detenidos mientras caminaban por las calles de Tapachula, a pesar de que ambos tenían un amparo migratorio, un documentos que se le ha otorgado a decenas de cubanos.

Primero estuvieron arrestados adentro de una patrulla y después de varias horas fueron trasladados al centro migratorios Siglo XXI donde los separaron tras cruzar la primera reja.

“Al llegar, un guardia me requisó, me quitó los cordones de los zapatos e introdujo sus dedos en mis partes. Me sentí como una delincuente de la peor calaña”, relata Yaquelín, quien fue enviada al patio de mujeres, mientras que su esposo al de hombres.

En el patio que a ella le tocó asegura que vio embarazadas, niñas, ancianas, adolescentes y hasta niños recién nacidos en completo hacinamiento “prácticamente una encima de la otra”, añadió.

La caribeña también denunció que no hay el mínimo interés por mantener la higiene en el lugar, muestra de ello fue un colchón que le entregaron para dormir y una cobija con fuertes olores a vómito, sudores y orina.

“Uno cree que el llanto no tiene olor, pero los miles de lágrimas de las noches de desespero quedan en las prendas. El llanto huele a frustración, miedo, incertidumbre. Solo quien ha vivido este infierno reconoce su olor”, comentó Yaquelín, quien estuvo detenida, junto con su esposo, a lo largo de 22 días.

La migrante aseguró que el lugar es como una prisión porque desde las seis de la mañana obligan a las personas a levantarse, guardar sus colchones y mantas, para luego formarse por tickets que se intercambian por el desayuno.

“Mujeres con niños en brazos, embarazadas y adolescentes salían corriendo a reclamar una porción de arroz, frijoles y huevo, que cabía en un vaso desechable. En las filas se sufrían estrujones, golpes y hasta peleas se daban por alcanzar un bocado. Era normal que quedaran personas sin recibir comida, no alcanzaba para tanta gente”, añadió.

Para ella, en la estación siglo XXI el peor trato es para los cubanos, a diferencia de migrantes de otros países, quien tenían permiso de salir acompañados de defensores de derechos humanos.

“Allá somos menos que nada, no dormíamos bien por el temor a una deportación en medio de la madrugada. El mínimo ruido o cualquier golpe en las rejas nos ponían alertas. Allí es normal que a las 3:00 o las 4:00 de la mañana llamen a los cubanos para ser deportados”, agregó.

Yaquelín tenía cinco días recluida cuando fue mordida por una rata mientras dormía y 48 horas después empezó a sentir fiebre y un fuerte dolor en la piernas. A pesar de que pidió ayuda, no le prestaron servicio médico y únicamente recibió seis pastillas de paracetamol.

“Una emigrante africana me ponía compresas de agua en la frente. Fueron varios días sin comer, nunca escucharon mis súplicas para que me dieran comida, ni permitían que otras personas reclamaran la mía. Sobreviví porque otras emigrantes me traían algunos bocados y agua”, indicó.

A pesar de la mordida, su peor momento adentró del centro migratorio fue cuando le dijeron que sus papeles de solicitud de refugio se perdieron y tenía que empezar de nuevo el trámite, lo cual significada 45 días más de espera en dicho lugar.

“El mundo se me vino encima. Supe de casos similares y todos habían sido deportados”, comentó además de agregar que, a diferencia de ella, a su esposo ya le habían otorgado el refugio.

La mala noticia hizo sentir débil a Yaquelín y esto la llevó a cortarse las venas de un brazo utilizando una cuchilla de afeitar desechable.

“Sentía la muerte tan cerca a causa de mi enfermedad, qué decidí terminar con mi vida. Así el mundo sabría del drama de los emigrantes cubanos en México. Nos merecemos un trato digno y humano”, agregó.

Vagamente recuerda que otras mujeres empezaron a pedir auxilio hasta que un oficial le hizo un torniquete para frenar el sangrado y posteriormente se le trasladó a la enfermería, donde la médica, tras curarla, en vez de darle algunas recomendaciones para el cuidado de su herida, pidió que la metieran “al pozo”.

Después de tanto calvario, una oficial federal la contactó para conocer su situación y enseguida la llevó al enlace de la Comisión Mexicana de Ayuda de Refugiados donde por fin le entregaron su solicitud de refugio firmada.

“El refugio se lo aprueban a muy pocos cubanos, llegar a Estados Unidos puede ser un sueño muerto. Si no nos dan refugio, de seguro volveremos a Siglo XXI y después viene la deportación”, finalizó su relato.

 

Con Información de Diario de Cuba 

 

1 Comentario

1 Comment

  1. Avatar

    Criticar

    4 julio, 2019 at 1:35 pm

    Eso lo hizo Castro, el comunismo y lo apoyó Obama, muy triste…

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