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PERIÓDICO CUBANO

Dan ultimátum al doctor cubano Alexander Pupo por su “postura política”

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Dan ultimátum al doctor cubano Alexander Pupo por su “postura política”

“Espero que todas las violaciones contra mi persona sean cobradas”, señaló el médico

El doctor Alexander Raúl Pupo Casas

El doctor Alexander Raúl Pupo Casas (Foto: Alexander Raúl Pupo Casas-Facebook)

El doctor Alexander Raúl Pupo Casas, quien fue expulsado de una beca en Las Tunas donde cursaba la especialidad de Neurocirugía, solicitó que las autoridades sanitarias le permitieran continuar sus estudios.

Haciendo uso de sus derechos como estudiante de posgrado, el galeno hizo llegar una petición de reubicación a la Dirección de Salud de la oriental provincia, alegando que no había cometido ningún delito o indisciplina laboral.

En un primer momento, la entidad le comunicó que no había inconvenientes, pero debía consultar con la universidad. Pupo Casas, entonces, acudió a la casa de altos estudios donde le dijeron que tampoco tenían problema, pero que debía ir al hospital.

En el último eslabón de la burocrática cadena, el jefe de Neurocirugía le alertó que su postura política podía interferir en su trabajo y relaciones laborales, pero le aclaró que no era decisión de él.

Nuevamente, Pupo acudió a la Dirección Provincial de Salud y esta vez la respuesta fue diferente: o dejaba la especialidad y se incorporaba como médico general, o le otorgaban la liberación para seguir estudiando en otra provincia que lo acepte.

Mientras todo esto se llevaba a cabo, el galeno presentó una demanda en la Fiscalía Provincial contra la Institución de Salud y la Dra. Lisset Ponce de León, quien el pasado 7 de septiembre le levantó un acta de advertencia por criticar de forma abierta al Gobierno cubano en sus redes sociales.

Desde entonces, Alexander Pupo ha recopilado pruebas sobre el acoso que ha vivido y se encuentra a la espera de una respuesta.

A continuación, reproducimos la denuncia de Alexander Raúl Pupo Casas

Hola a todos. Hace unos días, basándome en los derechos que ostento como estudiante de posgrado, entregué una solicitud de reubicación en la Dirección Provincial de Salud de Las Tunas. Al considerar que no he cometido ni delito, ni indisciplina laboral alguna, presenté una solicitud formal para que me dieran la posibilidad de continuar mi especialidad en paz.

Al día siguiente fui llamado al despacho de la misma entidad donde una señora, muy agradable ella, me explicó que al causar baja del hospital, que dicho sea de paso es el único lugar donde podría realizar la especialidad, podía haber ocurrido que ya no tuvieran los fondos o el presupuesto para pagar mis servicios como médico. También me señaló, que la Dirección de Salud no tenía ningún inconveniente en que yo continuara con mi especialidad pero que debía ir a la universidad a ver si ellos tenían alguna objeción.

Eso hice, uno o dos días después me dirigí a la universidad, específicamente a la dirección de posgrado, donde conversé con la encargada de ese departamento en ese momento. Ella, muy amablemente solicitó una reunión con la decana donde me dijeron que la universidad tampoco tenía objeción alguna en que yo continuara con mi especialidad, ya que no existía motivo alguno para impedirlo.

Solo faltaba el hospital. Ese mismo día solicité una entrevista con el Director del Hospital, Dr. Henry, especialista de Neurocirugía, al cual no conocía personalmente, aunque ya habíamos conversado vía telefónica en una ocasión, cuando me remitió un paciente a la consulta en una de mis guardias. La reunión se llevó a cabo algunos días después sobre las 10 a.m. En la misma sostuvimos una conversación amena durante más menos 1 hora, donde hablamos sobre lo acontecido en días anteriores y las causas que me llevaron a renunciar.

Lo curioso es que según el profesor, le preocupaba que al reincorporarme mi postura política pudiera interferir en las relaciones con mis colegas o mis pacientes. Según él, podía pasar que los pacientes no quisieran atenderse con un médico con mis ideas políticas.

Yo, muy respetuosamente le expliqué que es un derecho de cada persona decidir con qué médico desea atenderse y en quién desea depositar la confianza para que le salve la vida. También le expliqué que mis ideas no surgieron de la noche a la mañana, pero que nunca han interferido con la atención que le brindo a los enfermos. Yo he ayudado a muchas personas durante mi corta carrera, pudiera decir a cientos de enfermos, sin que nunca alguno se haya sentido clasificado o enajenado por sus creencias religiosas, ideas políticas o incluso por los actos en su vida privada. No me gusta discriminar a las personas, más cuando estoy viviendo en carne propia la enajenación y la discriminación ideológica. Aún así el director me dijo que era decisión de la Dirección Provincial si se me aceptaba de vuelta o no, pues una vez causado baja quedaba a disposición de esa institución mi reubicación.

Ese mismo día en la tarde me dirigí a la Dirección Provincial, donde me reuní con la Directora. La entrevista no duró mucho, fueron solamente unos minutos donde básicamente me explicó que para poder seguir trabajando en Tunas tenía que renunciar a la especialidad e incorporarme al MGI en un consultorio, de lo contrario ella me daría la liberación para que me fuera hacia otra provincia que me aceptara para continuar mi especialidad. Realmente cansado por el peloteo, no quise entrar en debates para no tener una confrontación con la misma, pues más allá de la intención que quiso demostrar me pareció un chantaje la propuesta.

Lo que hice a continuación fue solicitar la respuesta por escrito para que estuviera bien reflejada en papel la negativa de la institución a cumplir con un derecho que me consta como médico y como estudiante.

Bueno, días después cuando fui a recoger dicho documento, durante mi ida a Las Tunas, fui llamado desde la Fiscalía Provincial, pues había llegado vía correo, desde la Fiscalía Nacional, una demanda a mi nombre contra la Institución de Salud y contra la Dra. Lisset Ponce de León por todo lo que me habían hecho. Ese mismo día me personé con la fiscal que atendería mi caso para hacer la petición formal. Allí estuvimos casi dos horas en una charla, donde le enseñé algunas de las pruebas que he recopilado sobre el acoso, las calumnias, las injusticias, y todas las atrocidades que he vivido luego del 7 de septiembre, a manos de personajes de ultra izquierda y ejecutivos de la salud.

Ahora estoy a la espera de una respuesta de dicha demanda, pues solo me resta mes y medio para que se pierda mi derecho a incorporarme al trabajo y mantener mi especialidad, que obtuve legalmente por méritos, no por regalías ni favoritismos. De esa respuesta depende mi futuro como trabajador y como estudiante.

No aspiro a una victoria total, pues si algo he aprendido en este proceso es que los brazos de las dictaduras son larguísimos y con manos sucias, pero si por alguna casualidad la justicia prevaleciera, espero que todas las personas que actuaron en mi contra paguen por su inconstitucionalidad. Espero poder mirarles a la cara, solo para decirles que contra Dios y la Justicia no hay quien pueda. Lo dije una vez hace mucho ya. “Un país que no respeta su Constitución no se respeta a sí mismo”.

Espero que todas las violaciones contra mi persona sean cobradas a quienes las cometieron y que al terminar esta triste historia podamos conservar la confianza al menos en los órganos jurídicos nacionales. Muchas gracias.

“La revolución somos nosotros”.

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